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Las compañías no integradas enfrentan el escenario más complejo, mientras la caída del consumo reduce el margen para aplicar nuevos aumentos en las Estaciones de Servicio.
Buena parte del impacto provocado por la escalada internacional del petróleo ya llegó a los surtidores argentinos. Por ese motivo, el saldo que todavía queda pendiente sería bastante menor que el registrado durante los últimos meses. Sin embargo, la situación cambia de manera significativa según el combustible y la estructura de cada compañía.
Hernán Herrera, economista del Instituto Argentina Grande, explicó a Surtidores que con el barril nuevamente alrededor de los USD 100, el impacto adicional no sería tan elevado. “El crudo explica alrededor del 40 por ciento del precio final en surtidor, de modo que pasar de 95 a 100 dólares agrega cerca de 2 por ciento”, señaló.
A esa diferencia todavía deben sumarse las actualizaciones pendientes del Impuesto sobre los Combustibles Líquidos y del Impuesto al Dióxido de Carbono. El Gobierno viene aplicando incrementos parciales y postergaciones para evitar que todo el ajuste acumulado se traslade de una sola vez a los consumidores.

Según los cálculos del economista, el componente impositivo diferido representa aproximadamente un 3,6 por ciento para las naftas y un uno por ciento para el gasoil. Si el tipo de cambio se mantiene estable, la combinación entre el mayor valor del crudo y los impuestos dejaría pendiente una recomposición cercana al 5 por ciento en las naftas y al 3 por ciento en el gasoil común.
El panorama más delicado aparece en el gasoil premium. Herrera estimó que este producto mantiene un atraso de entre 25 y 27 centavos de dólar por litro frente a la paridad de importación. La diferencia adquiere especial importancia porque parte del abastecimiento debe completarse con compras externas y porque se trata de un combustible muy utilizado por el transporte y las actividades productivas.
“No todas las petroleras cuentan con las mismas herramientas para sostener ese desfasaje, una empresa integrada que exporta crudo compensa en el yacimiento lo que resigna en el surtidor”, explicó Herrera. Una compañía que produce petróleo puede absorber parte de la diferencia gracias a los ingresos que obtiene con sus exportaciones.
La realidad es muy distinta para una refinadora no integrada, que debe comprar petróleo o importar directamente el combustible. De acuerdo con sus cálculos, una empresa de estas características que importa gasoil pierde alrededor de $350 por cada litro vendido en el mercado interno.
Los impuestos representan otra parte importante de la discusión. Herrera reconoció que los diferimientos permiten moderar el impacto inmediato sobre el bolsillo, aunque no eliminan los aumentos pendientes. “Diferir no reduce, el ajuste se acumula”, resumió.
Sobre un precio de referencia de $2.045 para el litro de nafta súper en agosto, el economista calculó que $411,50 correspondían al impuesto a los combustibles, equivalente al 20,1 por ciento del valor final. En noviembre de 2023, según el Instituto Argentina Grande, ese componente representaba solamente el 8,9 por ciento.
Medido a precios constantes, el tributo habría pasado de unos $120 a $411,50 por litro. Herrera estimó que devolverlo al peso real que tenía en noviembre de 2023 permitiría liberar cerca de $290 por litro, aproximadamente el 14 por ciento del precio en surtidor. Esa reducción sería incluso superior al ajuste que todavía quedaría pendiente con el barril de petróleo en USD 100.
La discusión se produce, además, en un contexto de retracción de las ventas. Entre enero y julio de 2026 se consumieron 5.667,3 millones de litros de nafta, un 1,84 por ciento menos que durante el mismo período de 2025 y un 5,26 por ciento por debajo de 2023. En julio, el despacho total de combustibles retrocedió un 6,4 por ciento interanual y completó seis meses consecutivos en baja.
Para las Estaciones de Servicio, este escenario plantea un desafío difícil de resolver. Las refinadoras con mayor dependencia de las importaciones necesitan recuperar costos, pero la caída de la demanda reduce el margen comercial para aplicar nuevos aumentos sin profundizar el descenso de los volúmenes vendidos.

Herrera consideró que la creciente capacidad exportadora de la Argentina ofrece alternativas para manejar ese desequilibrio. Durante el primer semestre de 2026, el superávit energético alcanzó los USD 5.076 millones, un 61,7 por ciento más que un año atrás, mientras que las exportaciones del sector aumentaron 42,5 por ciento.
También mencionó modelos internacionales que evitan trasladar automáticamente todas las variaciones externas. Brasil dejó de utilizar de manera directa la paridad de importación como referencia, mientras que México ajusta semanalmente el estímulo aplicado sobre el impuesto a los combustibles y llegó a otorgar apoyos de hasta el 81 por ciento para el gasoil.
Para el economista, la producción propia, el aumento de las exportaciones y las herramientas tributarias permiten discutir cuánto de una nueva suba internacional debe trasladarse al mercado interno, especialmente cuando el consumo continúa retrocediendo. “La Argentina produce petróleo y genera renta exportadora. Trasladar el precio internacional completo al mercado interno es una decisión política”, concluyó.
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