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El repunte del barril vuelve a condicionar las expectativas del mercado local. Analistas afirman que el nuevo escenario fortalece los argumentos para sostener los valores actuales en los surtidores.
Después de varias semanas de retroceso, el barril de Brent recuperó impulso y volvió a superar la barrera de los 80 dólares, un cambio de tendencia que altera las expectativas de toda la cadena de comercialización de combustibles.
Para Hernán Herrera, economista especializado en energía, el margen que existía hace pocas semanas para pensar en una reducción de los valores prácticamente desapareció. “El Brent volvió a ubicarse en la zona de los 85 dólares y eso cambia completamente el panorama. Si continúa recuperándose, las compañías tendrán un fundamento para mantener o incluso actualizar los precios internos“, explicó el académico de FLACSO en diálogo con Surtidores.

El especialista sostuvo que la dinámica reciente muestra un comportamiento diferente entre la cotización internacional y los incrementos registrados en el mercado argentino, especialmente tras la finalización del esquema de estabilización implementado por YPF. “Lo que hace poco aparecía como una oportunidad para revisar los valores hacia abajo hoy puede transformarse en el argumento del próximo ajuste”, señaló.
Herrera afirmó que hay que tener presente que el mercado doméstico viene corriendo por delante del internacional. Desde febrero el Brent avanzó alrededor del 18 por ciento, mientras que la nafta acumuló un incremento cercano al 27 por ciento, impulsada también por la carga impositiva.
Precisamente, uno de los componentes que más modificó la estructura del precio durante los últimos meses fue el impuesto a los combustibles líquidos. Según el analista, la incidencia tributaria alcanzó niveles que hace poco parecían impensados.
“Hoy los impuestos representan cerca de 400 pesos por litro. Su participación pasó de alrededor del 9 al 18,5 por ciento del precio final y el aumento fue superior al de la inflación“, expresó.
Sin embargo, el impacto para las Estaciones de Servicio va más allá del valor que marca el surtidor. Herrera advirtió que un incremento en el precio no se traduce automáticamente en una mejora de la rentabilidad para los operadores.

“La variable que define la rentabilidad sigue siendo el volumen despachado. Si el incremento provoca una caída en las ventas, los costos fijos ganan cada vez más peso y el negocio pierde eficiencia“, advirtió.
El economista recordó que las estaciones enfrentan gastos que permanecen prácticamente inalterables independientemente de la cantidad de combustible comercializada, como salarios, energía eléctrica, mantenimiento, alquileres y servicios.
“Cada aumento repercute sobre la distribución de mercaderías y termina trasladándose a distintos sectores de la economía“, subrayó Herrera.
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