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Salvo Chile, que es el país donde los expendedores reciben el menor margen de utilidad de la región, Argentina se encuentra muy lejos de lo que recaudan los estacioneros de Brasil y Uruguay. ¿Quién se lleva la mayor parte?
Los valores de los combustibles argentinos están entre los más baratos de Latinoamérica. La razón poco tiene que ver con las reglas del mercado: está emparentada con una férrea decisión del Gobierno de regularlos para que no impacten sobre el Índice de Precios al Consumidor.
Equiparlos, al menos a los de los países de la región, es un reclamo petrolero de vieja data. Se sustentan en la incidencia de la materia prima y los costos fijos que contrastan con lo que refleja el surtidor. Sin embargo poco dicen de los variables, entre los que se encuentra el beneficio que recibe el expendedor por comercializar sus productos-, y que es uno de los más bajos del continente.
Los operadores argentinos perciben un 8 por ciento en concepto de comisión, y salvo Chile, país donde la intermediación cotiza entre
Los márgenes en cuestión representan una cifra relevante en un marco de ventas propicio, de volúmenes considerables y sin limitaciones. No obstante, la aplicación de cupos al suministro y ciertas prácticas de abuso de posición dominante por parte de las compañías productoras y distribuidoras mayoristas que comercializando combustibles en forma directa o indirecta absorben la ganancia que le corresponde al distribuidor minorista, inciden negativamente transformándolos a los márgenes- en deficitarios y provocando en muchos casos el abandono de la actividad.
A contramano de lo que ocurre con la rentabilidad, la carga impositiva local es la más pesada de la zona De cada litro de nafta el fisco argentino se lleva el 45 por ciento, mientras que el Estado brasileño se apropia del 42, Chile del 46, Paraguay del 25 y Uruguay del 44 por ciento.
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