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Costos, seguridad y bajo volumen empujan a los operadores a rediseñar la madrugada sin abandonar el servicio.
Desde los 2000 la trasnoche dejó de ser una franja automática para muchas Estaciones de Servicio; sin embargo, en el último tiempo, con ventas marginales, costos fijos elevados y un contexto de inseguridad persistente, operadores de distintos puntos del país vuelven a pensar en ajustar su esquema operativo para sostener el servicio sin comprometer la rentabilidad.
Los testimonios relevados por Surtidores muestran un patrón claro: el turno nocturno se mantiene más por obligación de servicio que por conveniencia económica. El gerente general del Grupo Sorbona-Berría, Mariano Acosta, lo plantea con datos concretos: “Es mínima en facturación, volumen y rentabilidad; tiene que ver más por un servicio de 24 horas. Económicamente no es conveniente”. Según detalla, el turno noche representa menos del 5 por ciento del volumen mensual, lo que explica por qué la estrategia pasa por operar con dotaciones mínimas y evaluar alternativas que reduzcan costos.

En ese camino, anticipa uno de los cambios que empieza a aparecer en el sector: “Estamos evaluando el autodespacho cuando esté permitido”. Incluso, aclara que no sería una herramienta exclusiva para la madrugada, sino una solución transversal a toda la operación.
Haciendo zoom en esta franja horaria, la socia gerente del Grupo Innovía, Betina Cuchereno, aporta un dato que permite detallar el análisis: “entre el 50 y el 60 por ciento de las ventas del turno noche se concentran entre las 22 y las 00 horas”. Es decir, la mayor parte del movimiento ocurre antes de la medianoche, mientras que el resto de la madrugada pierde peso de forma marcada.
Ese comportamiento no es aislado. Según detalla la propia Cuchereno, los despachos nocturnos en general se mueven en un rango de entre el 8 y el 12 por ciento del volumen diario, pero con una fuerte caída a partir de la medianoche, especialmente en temporada baja. Con una estructura de costos rígida -personal mínimo, iluminación, sistemas activos-, el turno muchas veces opera al límite o directamente en pérdida.
Ese dato está empujando una reconfiguración operativa cada vez más extendida: reforzar la capacidad de atención en el tramo de mayor demanda y reducir la estructura a partir de la medianoche. No se trata de cerrar, sino de redistribuir recursos con mayor precisión.
En paralelo, otros operadores ya avanzaron con cambios concretos en sus estaciones. Los esquemas mixtos empiezan a consolidarse: estaciones que mantienen la playa operativa pero limitan el acceso a la tienda o modifican la modalidad de atención. “En dos estaciones trabajamos las 24 horas abiertas, tanto tienda como shop, pero una a las 0 horas atiende solo por ventanilla”, describen.
En otros casos, el recorte es mayor: tiendas que cierran a las 22 horas, playa operativa hasta la medianoche y reapertura recién a las primeras horas de la mañana.
Detrás de estas decisiones aparece un factor determinante: la seguridad. “Mucha inseguridad y poca venta o nada”, advierten, al vincular directamente la caída del volumen nocturno con el contexto delictivo. En ese escenario, la ecuación se vuelve difícil de sostener.

Aun así, el cierre total no siempre es viable. En muchos casos, la presencia nocturna responde a una necesidad operativa básica: cubrir costos fijos y garantizar el resguardo de la estación. “Tratamos de mantener abierto para recaudar para los gastos que tenemos fijos, porque el vendedor sí o sí tiene que quedarse en la estación cuidando”, explican los operadores.
El problema, entonces, no es solo económico, sino estructural. La baja demanda y el riesgo operativo condicionan la actividad, pero también limitan cualquier posibilidad de recuperación en esa franja.
Así, el turno madrugada deja de ser un estándar y pasa a convertirse en una variable estratégica. La clave ya no es simplemente abrir o cerrar, sino entender dónde está el volumen, cómo operarlo y hasta qué punto sostener una estructura que, en muchos casos, ya no cierra.
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