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La suba aplicada recientemente a los precios de los combustibles le aportará a las arcas de YPF y Shell 180 millones de pesos más que el mes pasado. Por su gran participación en el mercado la estatal percibirá un adicional de más de 150 millones
Tres meses de congelamiento resultaron suficientes para que las petroleras decidieran retocar los precios de los combustibles que expenden al público. La inflación, el tipo de cambio, los aumentos de salarios y las nuevas normas de calidad de combustibles, fueron los argumentos elegidos para que Shell primero, e YPF después, definieran modificar las pizarras de sus estaciones de servicio.
La suba, del 2 por ciento promedio en la anglo holandesa y del 3.6 por ciento en la estatal, le aportará a sus arcas 180 millones de pesos más que el mes pasado. La cifra resulta del comparativo entre los nuevos y viejos valores y tomando en cuenta los 1.200 millones de litros de naftas y gasoil vendidos por ambas empresas durante el mes de mayo.
Por su gran participación en el mercado YPF percibirá un adicional de más de 150 millones, una cifra indispensable para ordenar sus cuentas, especialmente a partir del nuevo escenario. “Los precios tienen que ir de la mano con los costos“, señaló ayer al diario La Nación el ex secretario de Energía Emilio Apud convalidando la medida.
La decisión de YPF de acompañar a Shell sin esperar al resto tiene sus bemoles. Al dominar el 70 por ciento de los despachos, ambas empresas definen las tendencias de la actividad. Y en este sentido sobresale un factor que transparenta cual será el papel de la estatal respecto al futuro de sus precios: el aumento acortó la brecha que la separaba de Shell la más cara- y hoy ya casi no hay diferencia entre ambas.
Tomando como parámetro las estaciones de la ciudad de Buenos Aires, la diferencia en la nafta súper que era de 48 centavos antes de la suba, pasó a 17 mientras que la de la Premium cayó de
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