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La unidad reguladora sugiere una leve baja en las naftas y un incremento superior a $4 por litro en el gasoil. Aunque la decisión final corresponde al Poder Ejecutivo, el sector advierte que cualquier aumento agravará el desfasaje económico que enfrentan los operadores.
La publicación de los nuevos Precios de Venta al Público de referencia por parte de la Unidad Reguladora de Servicios de Energía y Agua volvió a instalar el debate sobre la actualización de los combustibles que regirá desde agosto. Si bien los valores definitivos todavía deberán ser definidos por el Poder Ejecutivo, el informe marca diferencias significativas entre los principales productos y genera preocupación entre las Estaciones de Servicio.
De acuerdo con el organismo regulador, el PVP de referencia se ubicó en $87.64 por litro para la Nafta Súper 95, $90.31 para la Premium 97 y $62.81 para el Gasoil 50-S.
En comparación con los precios actuales —$88.67 para la Súper 95, $91.19 para la Premium 97 y $58.68 para el Gasoil 50-S—, los valores de paridad reflejan un margen de reducción de $1.03 para la gasolina de 95 octanos y de $0.88 para la de 97. En cambio, el diésel presenta una diferencia de $4.13 por litro, convirtiéndose en la principal variación del informe.

EL IMPACTO VA MÁS ALLÁ DEL SURTIDOR
Para las Estaciones de Servicio, el eventual ajuste no solo repercute en el bolsillo de los consumidores, sino también en la sustentabilidad económica de las empresas.
Desde el sector explicaron a Surtidores que cada incremento obliga a disponer de un mayor capital de giro para adquirir combustibles y mantener el abastecimiento, elevando al mismo tiempo el costo financiero de la operación.
A ello se suma el efecto de los medios electrónicos de pago. Como el arancel que cobran las administradoras de tarjetas se calcula como un porcentaje del importe abonado por el cliente, cada aumento del combustible incrementa automáticamente ese costo para las estaciones.
Sin embargo, el margen de comercialización no acompaña esa evolución. Los operadores recuerdan que su remuneración no se fija como un porcentaje del precio de venta, sino mediante un valor nominal que se actualiza trimestralmente. Esa diferencia genera un desfasaje que deteriora la rentabilidad cada vez que los combustibles aumentan.
PROYECTAN MENOS VENTAS
Los empresarios consideran que un nuevo ajuste podría traducirse en una retracción de la demanda, especialmente en un momento donde los consumidores muestran mayor sensibilidad a las variaciones de precios.
La preocupación cobra especial relevancia porque el gasoil es el principal combustible utilizado por el transporte de cargas, la logística y buena parte de la producción agropecuaria. Un incremento de esa magnitud no solo impactaría sobre esos sectores, sino que también podría trasladarse al resto de la economía a través del aumento de los costos operativos.

EL DESAFÍO DE UN NEGOCIO EN TRANSFORMACIÓN
A la compleja ecuación económica se suma un cambio estructural que las estaciones siguen de cerca: el crecimiento sostenido de la electromovilidad.
Los empresarios advierten que la incorporación de vehículos eléctricos ya comienza a reflejarse en una menor demanda de naftas, tendencia que consideran continuará acentuándose en los próximos años. Esto genera como resultado menores volúmenes comercializados, mayores costos operativos y un margen que no acompaña la evolución de los precios.
Con la decisión del Poder Ejecutivo aún pendiente, las estaciones aguardan la definición oficial conscientes de que el resultado no solo influirá sobre las tarifas que pagarán los consumidores, sino también sobre la actividad y el nivel de ventas.
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