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Adaptarse a los tiempos que corren requiere de un compromiso y un capital que pocos empresarios están dispuestos a afrontar. La baja rentabilidad influye pero la sensación predominante es la inestabilidad del sector. “Hay cambios pero son parciales” reconocen los proveedores vinculados a la actividad
Si había un rasgo distintivo que caracterizaba a las estaciones era la modernidad de sus instalaciones y los atributos del servicio. Esa imagen guardada en el imaginario colectivo tuvo su origen en los albores de la década del 90, cuando la desregulación petrolera modificó el paradigma de la actividad.
Hasta entonces el cliente llegaba al negocio exclusivamente a cargar nafta. Venderle era una tarea desconocida para el personal que se limitaba solo a despachar. Sin embargo, la competencia feroz desatada durante esos años por las compañías, noveles expendedores autorizados por un Decreto menemista, promovió la reconversión de las estaciones y el cambio de hábitos en la atención al cliente.
El impulso sucumbió ante la crisis y muchos empresarios quedaron en el camino. Durante los últimos años fueron más los establecimientos que colgaron las mangueras que los que se inauguraron provocando el estancamiento de una actividad en la que la innovación ya no es su rasgo predominante.
“Hoy son pocos los que invierten para cambiar la fisonomía del negocio”, explica Carlos Magliaro, titular de Ambest SA, empresa que provee a la industria petrolera de equipos seguros para el almacenaje y bombeo de combustibles en estaciones de servicio. El profesional reconoce que este año hay más movimiento que el año pasado y más aun que el anterior pero lo justifica en la obligación de los expendedores ante la eventualidad de una sanción.
Magliaro sostiene que el sector está resurgiendo desde otras bases. “En las grandes ciudades hay ofertas tentadoras y prima el negocio inmobiliario, pero en las zonas periféricas y en el interior la cosa cambia”, admite. “Se instalan nuevas islas, se colocan surtidores y tanques; en definitiva se ven las inversiones”, remarca.
La inestable situación actual desmoviliza a los empresarios independientes a pesar de que muchos de ellos llevan varios años en el rubro. Sin embargo, las petroleras siguen apostando: Oil Combustibles reidentificó más de 300 bocas con su nueva imagen, Petrobrás está cambiando la cartelería, e YPF sigue adelante con el plan de renovación de logos en su red.
Claro que hoy está muy lejos del hito Tigre Nordelta, la estación de servicio más moderna de Latinoamérica, inaugurada cuando aun estaba en manos de Repsol. Sus fachadas acristaladas con doble vidriado hermético, los parasoles y galerías perimetrales de sombra, el tratamiento de aislamiento térmico en muros y techos, la utilización de maderas certificadas y ecológicas para los revestimientos y el mobiliario interior, el sistema de recuperación de aguas de lluvia para riego, los paneles solares fotovoltaicos y el sistema eficiente de control de consumo de agua y energía, son un prototipo inalcanzable para los bolsillos del Estado, más enfocado a recuperar el autoabastecimiento energético que al embellecimiento de sus instalaciones.
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