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La acumulación permanente de créditos fiscales inmoviliza el capital de trabajo y puede terminar encareciendo la operatoria. Cómo detectar qué mecanismos están generando el excedente y evitar que siga creciendo.
La existencia de créditos acumulados en Ingresos Brutos es una dificultad conocida por numerosos expendedores. Sin embargo, detrás del dinero que permanece inmovilizado aparece una cuestión más profunda. Cuando los regímenes de recaudación descuentan mes tras mes importes superiores al tributo que finalmente corresponde ingresar, la revisión ya no debería concentrarse únicamente en recuperar esos fondos.
Para una actividad que moviliza grandes volúmenes de dinero con una rentabilidad que depende de pequeños porcentajes, esas diferencias pueden alcanzar cifras importantes en pocos meses. Recursos que podrían destinarse a compras, salarios, servicios u otras necesidades del negocio quedan registrados como un crédito frente al Fisco, pero fuera de la disponibilidad cotidiana de la empresa.
La situación también tiene un costo adicional. Mientras ese capital permanece inmovilizado pierde valor y, si debe ser reemplazado mediante financiamiento externo, el negocio termina pagando intereses para sustituir recursos que en los registros tributarios continúan siendo propios.

Sebastián W. J. Vázquez, contador público y asesor en temas tributarios, sostuvo que la primera decisión debería ser identificar qué origina esa diferencia. “Cuando una estación acumula saldos a favor mes tras mes, lo primero que corresponde preguntarse es por qué sucede. En muchos casos existe un desajuste entre la situación real del contribuyente y la forma en que esa situación está siendo considerada por los distintos regímenes de recaudación”, explicó.
Los sistemas de retención y percepción determinan las alícuotas aplicables a partir de antecedentes, información disponible y distintos parámetros utilizados por las administraciones tributarias. Esa clasificación no siempre acompaña con precisión la realidad económica actual de cada contribuyente.
Cuando existe una diferencia entre ambos elementos, los pagos anticipados pueden superar de manera sistemática la obligación definitiva. El resultado termina reflejándose en un crédito creciente que difícilmente logra consumirse con las liquidaciones posteriores.
Para Vázquez, concentrarse solamente en el monto acumulado puede llevar a resolver temporalmente el efecto sin corregir su causa. “El saldo es la consecuencia visible. Antes de decidir cómo recuperarlo hay que determinar qué lo está generando. De lo contrario, puede obtenerse la devolución del monto acumulado a una fecha y volver a encontrarse con el mismo problema algunos meses después”, señaló.
La advertencia modifica el orden de las decisiones que debería tomar el expendedor. Antes de iniciar una gestión destinada a recuperar el dinero, corresponde revisar qué regímenes inciden sobre sus operaciones, cuáles son las alícuotas aplicadas y si los importes descontados guardan relación con el impuesto determinado.
Una devolución puede generar un alivio inmediato sobre la caja. Pero si las condiciones que originaron el excedente permanecen sin cambios, las detracciones continuarán y algunos meses después la empresa puede encontrarse nuevamente con fondos atrapados.
Allí aparece la diferencia entre atender la consecuencia financiera y corregir la situación tributaria que la produce. La primera permite recuperar recursos ya inmovilizados. La segunda busca evitar que vuelvan a quedar fuera de la operatoria.
“El primero es evitar que el saldo a favor continúe creciendo. El segundo es definir cuál es la alternativa más conveniente para recuperar el saldo que ya se acumuló”, afirmó Vázquez.
La respuesta tampoco será idéntica para todos los establecimientos. El monto involucrado, la posibilidad de utilizar el crédito contra obligaciones futuras, los tiempos administrativos y los costos de cada alternativa pueden modificar la estrategia más conveniente en cada caso.
Una empresa con capacidad para absorber rápidamente esos importes tiene una realidad diferente de otra que viene arrastrándolos durante períodos prolongados y continúa sumando nuevas detracciones.

Por eso, la revisión no debería comenzar únicamente cuando la cifra alcanza niveles elevados. Si el sistema recauda en forma permanente por encima de la obligación efectiva, existe una señal que merece ser analizada antes de que el capital inmovilizado tenga un impacto mayor sobre la actividad.
Para los expendedores, la diferencia resulta especialmente sensible porque disponer de esos recursos puede incidir directamente en la financiación cotidiana de la estación. Lo que desde el punto de vista contable aparece como un crédito puede transformarse, en la práctica, en dinero que la empresa necesita y no puede utilizar.
“Lo importante es dejar de considerar al saldo a favor permanente como algo normal. Si todos los meses el Fisco retiene más de lo que finalmente corresponde pagar, existe una situación que merece ser analizada”, concluyó Vázquez.
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