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Los bancos estarían evaluando achicar las promociones que ofrecen con las compras con tarjetas en estaciones de servicio. La decisión preocupa a los estacioneros quienes aseguran que gran parte del volumen que comercializan lo hacen a través de esta modalidad
Tras la reunión con Mercedes Marcó del Pont la semana pasada, donde la titular del Banco Central les puso un techo al alza en las comisiones que las entidades planeaban para los primeros meses de 2013, los bancos buscan alternativas para mantener su nivel de ganancias.
La más firme es la de acortar los plazos de las cuotas sin interés y bajar el porcentaje de descuento.
Desde las entidades explican que la cada vez más agresiva intervención del Gobierno (no les permiten incrementar las tasas, este año deberán volver a otorgar créditos baratos a las empresas y se les prohibió subir las comisiones más de un 10 por ciento para los productos básicos y 15 para los premium), sumado a una paritaria que se presenta conflictiva, no les deja escapatoria si no quieren resignar utilidades.
Así planean acortar a seis meses las cuotas y bajar los descuentos, como los que se ofrecen en las estaciones de servicio por cargar con tarjeta de débito, que llegan hasta el 20 por ciento para los clientes premium. “Por algún lado tenemos que asegurarnos los márgenes. Y aunque aun es incipiente, ya se observa un empeoramiento de la mora. Todos estos factores, sumado a un incremento en los costos nos obligará a limitar el financiamiento al consumo”, explican en otra entidad líder.
La decisión preocupa a los estacioneros que ven peligrar el motor que impulsa los despachos de los fines de semana. De acuerdo a estadísticas propias, la mayor cantidad de operaciones se producen los días viernes, que es el día de la semana que más combustible se vende. No obstante y por el estímulo de los descuentos, los domingos, que era históricamente el día de menores ventas, se intensifican los despachos.
La operatoria ha ganado tanto espacio que actualmente ocupa el 30 por ciento de las ventas totales, el doble de participación con respecto a un par de años atrás cuando este porcentaje difícilmente superaba el 15 por ciento. Sin embargo un detalle a tener en cuenta es que la mayoría de las operaciones se efectúan con tarjetas de débito. Y esto no es novedad ya que la tendencia se arrastra desde el 2007 cuando la utilización de este mecanismo para la compra de combustibles representaba el 12 por ciento de la facturación. A partir de diciembre de ese año la media saltó al 15 por ciento, a fines de 2008 trepó al 16 y desde fines de 2009 fluctúa entre 17 y 18 por ciento del volumen total facturado.
No obstante, para muchos la determinación de los bancos puede ser positiva para el sector, ya que volvería a no solo incentivar el uso del efectivo sino que les aportaría un beneficio económico. Es que entre los gastos y las comisiones, cercanas al 1,5 por ciento, los expendedores resignan hasta un 20 por ciento de su acotado margen de rentabilidad, sin mencionar el plazo de 28 días que los bancos se toman para acreditar el monto de la venta.
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