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Veinte años atrás alcanzar un techo de ventas de 200.000 litros era la ilusión de cualquier estacionero. Sin embargo hoy se necesita el doble de ese volumen para cubrir los gastos
Durante el auge del mercado minorista, la panacea de cualquier empresario era perforar el techo de los 200.000 litros. Ese volumen representaba un margen de ganancia ampliamente favorable al bolsillo del expendedor, además de posicionar al comercio como muy tentador para cualquier compañía petrolera que por entonces desembolsaba sumas millonarias para que forme parte de su red.
La irrupción de nuevos combustibles y la brutal crisis económica de principios de siglo, modificó abruptamente los parámetros del sector. Hoy se necesita el doble de esa cifra para equilibrar la economía de una estación de servicio cuyo estado de resultados revela un sinnúmero de egresos, la mayoría indispensables para sostener el comercio.
Según demuestra un estudio de rentabilidad efectuado por una de las entidades más representativas del rubro, sobre una estación de servicio tipo de interior del país que despacha el 40 por ciento de naftas y el 60 de gasoil, las salidas se llevan el 12 por ciento del total de su facturación por la venta de combustibles. Si se toma en cuenta que el índice de bonificación que perciben por la intermediación entre la petrolera y el cliente es similar, la situación comienza a complicarse.
De acuerdo al informe, los sueldos captan el 80 por ciento de los egresos. Los otros gastos también suman: los administrativos alcanzan el 5 por ciento; los seguros y auditorías, el 0.3; honorarios y servicios, el 0.6; el traslado de fondos, 0.4 y mantenimiento, el 0.6 por ciento. Existen además cargos considerables, tales como la amortización de la propiedad, la de los bienes de uso, el prorrateo por el pasivo ambiental y el retorno esperado por inversión de capital, que se llevan el resto
El análisis, que deja afuera los servicios anexos, tales como el minimercado, lavadero o lubricentro, arroja una conclusión categórica para una estación que comercializa este caudal de combustibles en consignación: casi 80.000 pesos de déficit mensuales. Este escenario fue tomado en cuenta recientemente por YPF, que determinó una ayuda de 12.000 pesos para aquellas bocas que manejan esos volúmenes. Los expendedores saludaron la decisión aunque aclararon que no alcanza y exigieron el fin del sistema de ventas a modo de paliativo.
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