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La infraestructura invisible, los sistemas de datos, la seguridad subterránea y la coordinación técnica ganan peso en proyectos donde cada decisión impacta en la rentabilidad futura.
Hay una imagen que resume bien el cambio estructural que vivió el sector de las Estaciones de Servicio en las últimas décadas: antes el estacionero hablaba solo del expendio de combustible. Hoy esa conversación quedó desactualizada. ¿De qué se habla entonces? Centros integrales de atracción de servicios.
“El operador que no se adapta no queda atrás; directamente está fuera del mercado“, advierte el Arq. Sebastián Moreyra, CEO de URBA Constructora y remarca que el cambio más profundo está por debajo y por encima de la superficie.
La digitalización post-COVID transformó la operatoria en general: por ejemplo, las apps de fidelización de cada petrolera generaron un gran volumen de transacciones simultáneas que la infraestructura de muchas estaciones existentes no estaba preparada para soportar.

En materia de seguridad de almacenaje subterráneo, la evolución es igualmente significativa. Los tanques de doble pared con intersticio de aire estanco revestidos en PRFV y la utilización de la membrana geotextil, combinada con sistemas de sensores para detección volumen y pérdidas, son hoy el estándar mínimo exigible.
En este sentido, Moreyra enfatiza que “es un error de planificación no dejar prevista la infraestructura de redes y datos desde el proyecto; así como pasar por alto regulaciones más estrictas y alineadas al estándar nacional que no admiten excepciones“. Lo invisible: sistemas de datos, seguridad subterránea y la coordinación técnica ganan peso en proyectos donde cada decisión impacta en la rentabilidad futura.
En diálogo con Surtidores, el referente de la compañía sostiene que es la falta u omisión de un relevamiento técnico-ocular riguroso y de un análisis de antecedentes completo antes de iniciar cualquier proyecto lo que garantiza el éxito a largo plazo.
“Cada estación tiene su historia clínica“, subraya y describe que muchas arrastran décadas de intervenciones parciales, ampliaciones sucesivas y soluciones incorporadas sobre estructuras anteriores. Ese paso del tiempo puede dejar instalaciones fuera de norma, sistemas antiguos sin cierre administrativo formal, cañerías no declaradas o tanques que dejaron de usarse pero siguen formando parte del subsuelo de la estación.
Detectar esas irregularidades durante la etapa de planificación permite anticipar gestiones, ordenar documentación y corregir desvíos antes de que la obra avance. En cambio, encontrarlas con maquinaria, personal y proveedores ya desplegados puede modificar por completo el presupuesto previsto, extender los plazos de ejecución y derivar en trámites adicionales ante organismos municipales, provinciales o nacionales, e incluso en multas.

LLAVE EN MANO: POR QUÉ NO ES UN GASTO SINO UNA DECISIÓN FINANCIERA
La objeción más frecuente cuando un empresario evalúa contratar una constructora especializada suele aparecer de inmediato: “es más caro”. En términos nominales, la respuesta es afirmativa. Sin embargo, para Moreyra, ese análisis resulta parcial si no se contemplan los costos indirectos que implica coordinar una obra por cuenta propia.
“La comparación correcta no está entre el precio de una constructora y el de una cuadrilla”, menciona el arquitecto y añade que mientras la última alternativa puede resolver un rubro puntual, como pisos o revoques, difícilmente pueda asumir la planificación integral de una Estación de Servicio, desde los sistemas de aire acondicionado hasta la integración de dispositivos de seguridad específicos para este tipo de operación.
A ese punto se suma otro factor que muchas veces no aparece reflejado en el presupuesto inicial. Cuando el estacionero decide gestionar la obra por su cuenta, debe destinar parte de su propia estructura a esa tarea: el área de compras, personal administrativo, asesores externos y tiempo de gestión. Además, puede quedar expuesto a la coordinación de distintos gremios, proveedores y relaciones laborales vinculadas al personal de obra.
“Todo eso tiene un costo real que existe aunque no figure en ningún presupuesto”, remarca Moreyra. Por eso, sostiene que entre coordinar rubros de manera independiente y delegar el proceso en una empresa especializada puede haber una diferencia sensible en los tiempos de ejecución.

En el negocio de las Estaciones de Servicio, esa diferencia tiene impacto directo sobre la rentabilidad. Un retraso prolongado en el inicio de la operación no solo demora la apertura o la remodelación: también representa meses sin despachos, sin ventas complementarias y sin recuperación de la inversión.
Desde URBA Constructora plantean que su estructura está pensada precisamente para evitar que el estacionero desvíe recursos críticos de la operación diaria hacia la obra. “Dejarlo en nuestras manos es permitir que el empresario se dedique y ponga todos sus recursos a la venta”, concluyó el CEO.
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