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Postergar una revisión puede derivar en una reparación costosa, ventas perdidas y una interrupción prolongada del despacho. Especialistas explicaron cómo prever las intervenciones técnicas y y planificar la renovación del compresor.
Con unos 40 años de trayectoria en el país, la industria del GNC cuenta con instalaciones que llevan décadas funcionando. Las dificultades para sostener la rentabilidad pueden obligar a los operadores a vivir al día y postergar gastos, pero cuando se trata del compresor, la precaución tiene un valor concreto porque evita que una avería encuentre a la estación sin ingresos disponibles para resolverla.
USD 4.000 anuales como referencia de mantenimiento y USD 160.000 para comprar un compresor nuevo. Entre ambas cifras aparece otro costo que depende de cada establecimiento, el dinero que pierde cuando deja de despachar. Si una reparación se combina con trámites ante la distribuidora, la interrupción puede extenderse hasta un mes.

Martín Lapenta, gerente de Agira, explicó a Surtidores que los primeros servicios son más económicos, pero que, a medida que se acumulan horas de funcionamiento, se agregan tareas y componentes que pueden necesitar reemplazo. El presupuesto depende de lo que haya que cambiar y del estado de la unidad.
Ubicó el mantenimiento en una referencia teórica de USD 4.000 anuales. Distribuido a lo largo del año, ese monto equivale a unos USD 333 mensuales. La cuenta permite dimensionar una previsión, aunque el desembolso efectivo varía según las intervenciones necesarias.
Las tareas incluyen cambios de aceite y revisión o sustitución de válvulas, empaquetaduras, aros y pistones. Lapenta sostuvo que el gasto preventivo es reducido en comparación con los problemas que puede evitar y señaló que la falta de mantenimiento adecuado puede derivar en roturas.

También explicó que en la práctica suelen alargarse los plazos. Mencionó las 18.000 horas de uso, que con el ritmo de funcionamiento al que hizo referencia pueden representar aproximadamente seis años. Esa equivalencia depende de la actividad, ya que cuando baja la demanda el compresor trabaja menos y acumula horas más lentamente.
Su recomendación es no extender demasiado los intervalos, porque el desgaste puede afectar otros materiales y ampliar el arreglo. Coordinar las revisiones permite anticipar desembolsos y organizar la operación. Una falla inesperada, en cambio, obliga a pagar la reparación mientras se pierden ventas.
Oscar Olivero, vicepresidente de la Cámara de Estaciones de Servicio de GNC, precisó por su parte que un cambio de cigüeñal puede demandar diez días de parada. Un reemplazo de cañería también puede requerir ese plazo. Cuando hay una pérdida de gas, las gestiones con la distribuidora pueden sumar hasta veinte días en algunos casos y llevar la interrupción a alrededor de un mes.
Durante ese período, el operador debe seguir pagando salarios y los demás costos operativos. Por eso, el dinero necesario para responder a una emergencia excede el importe del repuesto y la mano de obra. También debe alcanzar para sostener el establecimiento hasta recuperar la normalidad.
La pérdida económica depende del volumen comercializado y del margen de cada estación. Conviene distinguir la facturación que deja de ingresar de la ganancia que esas ventas habrían generado, y sumar los gastos que continúan venciendo. Esa cuenta ayuda a dimensionar una reserva para imprevistos.
En cuanto al abastecimiento de componentes, Lapenta indicó que actualmente cuentan con stock y no registran demoras. Explicó que las flexibilidades para importar agilizaron la reposición. También precisó que las válvulas son nacionales y de diseño propio, mientras que la electrónica y los gabinetes se producen localmente.
Los surtidores requieren mantenimiento, aunque describió esas intervenciones como menores, con kits de reparación de bajo costo. Tener las piezas ayuda a resolver una falla, pero no elimina el tiempo del trabajo técnico ni las gestiones que puedan corresponder.
Olivero agregó que la evaluación debe abarcar la instalación desde el ingreso del gas. Explicó que, según la presión disponible en la cañería, el compresor puede tener tres o cuatro etapas. Una unidad de cuatro etapas es más cara y cuenta con más elementos susceptibles de desgaste o rotura.

Como pauta habitual, mencionó un servicio liviano cada 4.000 horas, con cambio de aceite y revisión. Una estación que vende menos de 100.000 metros cúbicos mensuales utiliza la máquina con menor intensidad que otra que alcanza los 300.000, por lo que los plazos entre intervenciones son diferentes.
El dirigente advirtió sobre los equipos que superaron las dos décadas de funcionamiento. Una rotura de biela, explicó, puede provocar daños que excedan el componente e incluso comprometan el establecimiento.
Ante ello, Olivero recomendó separar dinero todos los meses para amortizar la máquina y reemplazarla cuando corresponda. Reunir fondos mientras el equipo funciona permite llegar al recambio sin tener que conseguir toda la inversión con la estación detenida y los gastos diarios todavía por pagar.
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