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El atraso de los impuestos sobre las naftas achica la ventaja económica del gas, desalienta las conversiones y aleja a muchas estaciones de los volúmenes necesarios para sostener su operación.
La ecuación del GNC depende de una relación que excede el valor que muestra su propio surtidor. El precio de la nafta determina cuánto tarda un automovilista en recuperar la inversión de un equipo y, a partir de esa decisión, cuántos usuarios se incorporan a una red que necesita volumen para cubrir sus costos.
Ese mecanismo cobró mayor relevancia desde que el Estado en los diferentes gobiernos, comenzó a aplicar en forma gradual las actualizaciones pendientes del Impuesto sobre los Combustibles Líquidos y del gravamen al dióxido de carbono. Los sucesivos diferimientos moderaron el traslado de esas subas a las pizarras y ayudaron a contener su impacto inflacionario, pero también dejaron a las naftas por debajo del valor que hubieran alcanzado con la carga tributaria completa.
Para el gas vehicular, un combustible líquido relativamente más barato reduce el ahorro mensual, alarga el plazo de amortización del equipo y resta atractivo a la conversión. El efecto termina reflejándose en un crecimiento menor del parque y, después, en los metros cúbicos despachados.

Las estadísticas oficiales muestran esa sensibilidad. Los informes elaborados por el entonces ENARGAS, cuyas funciones hoy están a cargo del ENReGE, señalan una relación inversa entre el precio relativo del GNC frente a la nafta súper y la cantidad de conversiones. Cuando aumenta el ahorro, crecen las instalaciones; cuando se achica, pierden ritmo.
Pedro González, presidente de la Cámara de Expendedores de GNC, explicó en diálogo con Surtidores que una estación del Área Metropolitana de Buenos Aires necesita comercializar entre 80.000 y 100.000 metros cúbicos mensuales para alcanzar un punto de equilibrio ajustado. El atraso tributario no eleva ese requerimiento, pero puede hacer más difícil reunir la cantidad de clientes necesaria para llegar a esa cifra.
En 2024 se contabilizaron 77.783 conversiones y en 2025 fueron 64.820, una caída cercana al 17 por ciento. El retroceso no puede atribuirse sólo a los impuestos, porque también incidieron el precio del propio GNC y otros factores, aunque confirma la sensibilidad del mercado ante cualquier variación que altere el ahorro para el automovilista.
La contracara comenzó a observarse este año. El aumento internacional del petróleo provocado por el conflicto en Medio Oriente y las tensiones sobre el estrecho de Ormuz se trasladó a las naftas y volvió a ampliar su diferencia con el gas. En febrero se habían realizado poco más de 5.200 instalaciones y en marzo se registraron 7.379, cerca de 40 por ciento más en un mes y 70 por ciento por encima del mismo período de 2025.
En julio se alcanzaron 8.797 operaciones, con una mejora interanual del 63 por ciento. El mayor costo de circular con combustibles líquidos redujo el tiempo necesario para amortizar un equipo y volvió más atractiva la alternativa.
Para los estacioneros, cada vehículo incorporado representa un consumidor potencial durante varios años y contribuye a reconstruir una demanda que se debilitó mientras aumentaba la cantidad de puntos de expendio. La red supera las 2.000 bocas, mientras el parque permanece por debajo del máximo alcanzado en 2022.
Allí aparece el vínculo con el punto de equilibrio. Una estación puede necesitar la misma cantidad de metros cúbicos para afrontar sus gastos, pero si dispone de una base menor de usuarios debe competir con más establecimientos para conseguirlos.

El dirigente señaló que existen bocas de la zona sur del Gran Buenos Aires que venden alrededor de $625 por metro cúbico, cuando según sus cálculos deberían aproximarse a $800 para lograr una ecuación sostenible. Una recomposición ayudaría a cubrir gas, electricidad, salarios y otros costos, aunque tiene un límite: si el GNC se acerca demasiado a la nafta, vuelve a reducirse el incentivo para instalar equipos.
El atraso impositivo actúa sobre esa relación. No modifica por sí mismo los 80.000 o 100.000 metros cúbicos mensuales necesarios para sostener una boca, pero puede condicionar la cantidad de vehículos disponibles para generar ese consumo. Las subas de las naftas registradas este año mostraron la otra cara: cuando se amplía la ventaja económica, las conversiones reaccionan y abren la posibilidad de recuperar demanda.
González concluyó en que la mejora todavía debe consolidarse para trasladarse plenamente a las ventas. “Estamos duplicando valores bajos”, sostiene. Para el directivo, el desafío sigue siendo aumentar el parque para que las estaciones recuperen volumen y puedan acercarse nuevamente a su punto de equilibrio.
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