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El retroceso sostenido del parque automotor impulsado a gas natural comprimido comenzó a modificar el mapa de las Estaciones de Servicio. Cada vez más operadores se adaptan a un mercado que cambió de manera drástica durante la última década.
La transformación ya dejó de ser una excepción para convertirse en una tendencia que gana terreno. En distintos puntos del país, propietarios de Estaciones de Servicio iniciaron el reemplazo de surtidores de GNC por otros destinados al expendio de combustibles líquidos, una decisión que responde al cambio en los hábitos de consumo y, sobre todo, a la fuerte reducción del parque automotor convertido a gas.
Según especialistas del sector, actualmente se registra, en promedio, una consulta mensual para avanzar con este tipo de modificaciones. Aunque la cifra todavía parece acotada, aseguran que el proceso se acelera y que cada vez más empresarios analizan la conveniencia económica de dedicar esos espacios a productos con mayor rotación.
“La demanda existe y avanza a muy buen ritmo. Todos los meses recibimos consultas para retirar surtidores de GNC e instalar equipos de líquidos“, explicaron a Surtidores fuentes vinculadas a las auditoras que intervienen en estos proyectos.
Los números ayudan a entender el fenómeno. En junio de 2016 había 1.788.249 vehículos habilitados para circular con GNC. Diez años después, el registro cayó a 1.412.870 unidades. La diferencia representa una pérdida de 375.379 vehículos, equivalente a una contracción cercana al 21 por ciento.

Ese descenso impacta directamente sobre el volumen comercializado por las Estaciones de Servicio. Con menos automóviles cargando gas y una incorporación cada vez menor de nuevas conversiones, numerosos operadores comenzaron a revisar la rentabilidad de un negocio que durante años fue uno de los pilares del sector.
En muchos casos, los espacios ocupados por surtidores de GNC ofrecen una oportunidad para ampliar la capacidad de despacho de naftas y gasoil, segmentos que muestran una dinámica diferente y permiten mejorar el aprovechamiento de la infraestructura existente.
La decisión, sin embargo, no consiste simplemente en desmontar un equipo e instalar otro. El procedimiento requiere cumplir una serie de pasos administrativos y técnicos establecidos por la normativa vigente.

En primer lugar, el operador debe comunicar formalmente a la distribuidora de gas la intención de retirar el surtidor para que autorice la desafectación de la instalación vinculada al sistema de GNC. Una vez cumplida esa instancia, interviene una empresa auditora habilitada por la Secretaría de Energía, responsable de gestionar toda la documentación necesaria para autorizar la incorporación del nuevo surtidor destinado al expendio de combustibles líquidos.
El proceso incluye verificaciones técnicas, controles de seguridad y la actualización de las habilitaciones correspondientes antes de que el equipo pueda comenzar a operar.
La tendencia refleja, además, un cambio más profundo dentro de la actividad. Durante muchos años, incorporar GNC era sinónimo de ampliar servicios y captar una clientela en permanente crecimiento. Hoy, para numerosos empresarios, la prioridad es adaptar la infraestructura a una realidad completamente distinta.
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