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El crudo de fácil extracción hace años que empezó a escasear en el mundo y ahora las compañías internacionales concentran sus esfuerzos, tanto financieros como de logística, en reponer las reservas, dejando a los Estados de cada región participar de la refinación y comercialización de los combustibles, negocio que analizan de alto riesgo por cuestiones políticas y ambientales
El incremento del barril de crudo, que pasó de 20 dólares en el año 2000, a más 100 en menos de una década, es una muestra de las importantes transformaciones que ha sufrido el sector petrolero en los últimos tiempos. Esto alborotó los planes de inversión de las compañías petroleras y obligó a readecuar sus recursos en otra dirección más segura y sustentable.
Juan José Aranguren, presidente de Shell, explicó durante su exposición en la 43º Comisión Latinoamericana de Empresarios de Combustible (CLAEC) desarrollada en el Hotel Panamericano de la Ciudad de Buenos Aires que “el precio aumentó porque se agotaron las reservas de fácil disponibilidad” y los nuevos yacimientos que se encontraron, pese a que son cardinales desde el punto de vista de la cantidad, como los de Brasil, ubicados en la plataforma submarina, requieren un costo más importante para su utilización.
Esto, sumado a las presiones de los Gobiernos locales por controlar el precio de los combustibles al público llevó a las compañías a centrar su atención en la exploración y explotación de hidrocarburos, dejando a los Estados nacionales ocuparse de la elaboración y distribución.
“Es consecuencia de eso que gran cantidad de compañías multinacionales se han retirado del negocio del Downstream”, fundamentó Aranguren. Y agregó: “cuando fui designado presidente de Shell en Argentina (en el año 2003) teníamos presencia en 35 países, mientras que en este momento en el único donde tenemos una refinería es en Argentina”.
El directivo graficó con algunos ejemplos: “Terpel en Colombia, Petroperú en Perú, Petrobras en Brasil, Copec en Chile, Ancap en Uruguay y ahora YPF en Argentina”. Esta última la calificó en situación de “confiscada”, ya que hasta el momento el Grupo Repsol no recibió la indemnización correspondiente.
Las firmas que han dejado los negocios del refino, entiende Aranguren, fueron motivadas “justamente por esas necesidades de concentrar esfuerzos sobre un negocio que es demandante de recursos financieros, y por otra parte, para sacarse un problema de encima, que es el de estar batallando con un conflicto político, como el de la inflación”.
Desde el punto de vista macro, sostiene, esta situación fue impulsada como consecuencia de las nuevas exigencias que imponen las autoridades de cada país. En el fondo, el temor de las compañías es que tras años de actividad se les exija importantes sumas de dinero en concepto de resarcimiento por el daño ambiental.
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