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La Confederación de Expendedores desarrolló las causas que desencadenó en la disminución del parque de estaciones en los últimos años
Raúl Castellano, Secretario de la Confederación de Entidades del Comercio de Hidrocarburos y Afines de la República Argentina (CECHA) hizo un repaso durante la 43º Comisión Latinoamericana de Empresarios de Combustible (CLAEC) de la evolución de la rentabilidad de las bocas de expendio en los últimos años.
El discurso del experimentado dirigente se concentró en las causas que en su opinión permiten entender el siguiente dato: “en enero de 2010 había 4.500 locales dedicados al negocio minorista de los combustibles, mientras que en septiembre de 2012, apenas dos años después, quedaban sólo 3.813”.
Este proceso, señala, se dio incluso frente a un crecimiento exponencial del parque automotor y de la demanda de naftas y gasoil. Es que según remarcó, los operadores independientes participan con apenas el 47 por ciento de la facturación total; el grueso lo comercializan las bocas propias de las petroleras, sobre todo YPF.
En primer lugar explicó que en Argentina existen dos modalidades de comercialización. Una de ellas es el sistema de consignación, implementado por las bocas que forman parte de la red de YPF, en el cual el operador vende por cuenta y orden de la compañía, situación que le impide manejar los márgenes de ganancia y los precios al público.
El otro mecanismo se lo conoce con el nombre de compra-venta y lo utilizan el resto de las marcas que operan en la plaza local. Castellano reconoce que “brinda mayores libertades a los estacioneros porque al comprar el combustible tienen la posibilidad de comercializarlo de acuerdo a las condiciones de competencia en la que se encuentren”, tanto en precio como en volumen.
Históricamente, aclara, los valores entre las marcas se mantenían en línea porque a las empresas les interesaba mejorar la participación en el mercado. No obstante, explica, a partir del año 2009 comenzaron los problemas de abastecimiento en nuestro país debido a la incapacidad de las refinerías para acomodarse al alza de la demanda, situación que obligó a recurrir a la importación de combustibles.
A partir de ese momento, hace hincapié, las compañías cambiaron la política comercial: “priorizaron vender poco y a buen precio”, de acuerdo a los volúmenes que podía producir cada una de ellas.
YPF, sin embargo, bajo la administración del Grupo Petersen, estableció una política de precios bajos que desencadenó en importantes consecuencias sobre el mercado: los consumidores se volcaron masivamente hacia sus estaciones de servicio, dejándolas sin stock en algunas pocas horas. Según establece el plan de inversiones que elaboró el actual CEO de la compañía, Miguel Galuccio, la diferencia de los valores de los combustibles con la competencia se ubica entre un 14 y 15 por ciento según el producto que se tome como referencia.
En resumen, destaca Castellano, “las bocas de YPF – que representan el 34 por ciento del total – venden una buena cantidad de litros pero con márgenes pequeños, a la inversa del resto de las siglas, que despachan poco pero con una bonificación más alta”. Las regalías de la estatal son en promedio del 8 por ciento, la mitad de lo que reciben el resto de las marcas.
Además Castellano se concentró en tres de las condiciones comerciales que aún impone YPF – pese a que fueron impuestas durante la gestión anterior – y que afectan negativamente sobre la rentabilidad de los expendedores: el no reconocimiento del impuesto a los débitos y créditos bancarios, la disminución de los márgenes y el importante costo financiero que genera el pago anticipado del combustible. De ahí resulta que una boca de expendio de esa marca tenga que despachar 340.000 litros mensuales para alcanzar el punto de equilibrio, medida que una buena parte de los establecimientos no logra alcanzar.
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