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La diferencia con el precio del surtidor puede acercarse a los $500 por litro. Frente a una posible mayor demanda, algunas compañías comenzaron a controlar los volúmenes enviados a los operadores. Las estaciones blancas, que compran a distribuidores, las más afectadas.
La suba internacional del petróleo comenzó a cambiar el mercado del gasoil en el país. El primer efecto se sintió en las ventas directas al campo, donde los precios aumentaron recientemente alrededor de un 5 por ciento. Esto llevó a productores y contratistas a comparar nuevamente esos valores con los de las Estaciones de Servicio.
Según operadores consultados, la diferencia entre ambos canales puede acercarse a los $500 por litro. Para una actividad que utiliza grandes cantidades de combustible, se trata de un monto capaz de modificar la forma de abastecerse.
Durante los últimos años, la compra directa se convirtió en una opción habitual para el sector agrícola. El gasoil llega al establecimiento, se guarda en tanques propios y queda disponible para los momentos de mayor actividad. De esa manera, se evitan viajes y se organiza mejor el trabajo de camiones y máquinas.

Pero esa ventaja pierde peso cuando el precio queda muy por encima del que ofrecen las estaciones. Con esa brecha, muchos clientes comenzaron a buscar abastecerse en los surtidores.
Para las estaciones ubicadas en zonas rurales, este movimiento abre la posibilidad de recuperar ventas después de varios meses de menor consumo. Sin embargo, también aparece una duda: si comienzan a vender más, ¿las petroleras les entregarán todo el gasoil que necesiten?
Las compañías suelen organizar sus envíos de acuerdo con las compras anteriores de cada estación. Si una boca recibe todos los meses una cantidad determinada, no siempre puede aumentarla de un momento a otro. Para sumar más litros, el operador debe realizar el pedido y esperar la autorización de la petrolera.
De acuerdo con fuentes del sector, comenzaron a aparecer limitaciones sin comunicaciones formales. Cuando una estación intenta cargar más combustible del que compra habitualmente, el pedido puede quedar sin respuesta favorable. De esa forma, las compañías mantienen las entregas dentro de los niveles históricos de cada establecimiento.
Las estaciones blancas enfrentan una dificultad adicional. Como no tienen un acuerdo directo con una petrolera, compran el combustible a distribuidores mayoristas y reciben de manera inmediata los aumentos aplicados en ese mercado. Esto reduce su capacidad para competir con las de bandera.
El problema se agrava porque los precios en el surtidor permanecen prácticamente sin cambios desde hace cinco meses. Ante esta situación, los expendedores deben decidir si trasladan el aumento al público o si absorben una parte para no perder clientes. Si actualizan sus precios, se ubican por encima de las estaciones de bandera y si los mantienen corren el riesgo de vender a pérdida.

Pedro Llorvandi, presidente de la Cámara de Estaciones de Servicio de Santiago del Estero, explicó a Surtidores que estos movimientos suelen repetirse cuando la cotización internacional del petróleo sube con fuerza y se encarecen las importaciones. Además, suelen coincidir con los momentos del año en los que el campo más combustible necesita.
La evolución de las próximas semanas dependerá del precio del crudo y de la respuesta de las compañías. Si la diferencia entre la venta mayorista y el surtidor continúa, más productores podrían regresar a las Estaciones de Servicio. Pero para aprovechar esa mayor demanda, los operadores necesitarán que las petroleras les permitan comprar más gasoil del que reciben habitualmente.
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