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Advierten que la incorporación de este tipo de controles exige requisitos técnicos, profesionales e instalaciones que hoy están lejos de la realidad de la mayoría de las bocas de expendio.
La intención oficial de habilitar a talleres mecánicos y concesionarios para realizar las verificaciones técnicas obligatorias de los vehículos no sólo apunta a modificar un esquema que durante años estuvo concentrado en plantas específicas, sino que también abre una discusión sobre quiénes podrían participar de este mercado en el futuro.
Entre los actores que observan con atención la evolución de la medida aparecen las Estaciones de Servicio, un rubro que desde hace tiempo busca diversificar sus actividades para reducir la dependencia de la venta de combustibles y adaptarse a las nuevas demandas de los usuarios.

Durante los últimos años, las bocas de expendio dejaron de ser exclusivamente lugares donde cargar nafta o gasoil para transformarse en espacios que ofrecen múltiples prestaciones. Las tiendas de conveniencia, los servicios gastronómicos, los centros de lubricación, los lavaderos, los cajeros automáticos, los puntos de retiro de compras online y, más recientemente, los cargadores eléctricos, son ejemplos de una evolución que continúa en marcha.
Por eso, la posibilidad de incorporar controles vehiculares obligatorios aparece como una alternativa capaz de generar movimiento adicional, atraer clientes y construir una nueva unidad de negocios asociada al mantenimiento automotor.
Sin embargo, más allá del atractivo que puede representar esa oportunidad, quienes conocen en profundidad el funcionamiento de las estaciones consideran que el camino para llegar a ese objetivo está lleno de dificultades.
Al respecto, el asesor en Seguridad e Higiene, Mariano Sobrero, sostuvo que existe una distancia importante entre las tareas que actualmente desarrolla una Estación de Servicio y las exigencias necesarias para operar un centro de inspección técnica.
“De todas las estaciones que gestiono, lo más parecido a una actividad mecánica es el box de lubricación. Allí se realizan cambios de aceite, reemplazo de filtros y alguna observación visual básica. Nada que se asemeje a una revisión técnica integral”, explicó en diálogo con Surtidores.
Su apreciación refleja una realidad ampliamente extendida en el país. La mayoría de los establecimientos cuenta con áreas destinadas a servicios rápidos, pensadas para operaciones sencillas que demandan poco tiempo de permanencia del vehículo y una estructura relativamente acotada.
La verificación técnica obligatoria, en cambio, requiere instalaciones especialmente diseñadas para ese fin. Se necesitan líneas de inspección equipadas con dispositivos de medición, sistemas para evaluar frenos, suspensión, alineación, emisiones contaminantes y diversos elementos vinculados a la seguridad vial.
A ello se suma un aspecto que suele pasar inadvertido cuando se analiza la posibilidad de ampliar actividades: el recurso humano. “Para desarrollar este tipo de controles no alcanza con el personal que habitualmente trabaja en una estación. La normativa exige profesionales específicos y, entre ellos, ingenieros mecánicos. Es una actividad completamente distinta”, señaló el experto.
Asimismo Sobrero destacó que la inversión necesaria para poner en marcha una unidad de estas características no se limita a la compra de equipamiento. “Hay que pensar en adecuaciones edilicias, capacitación, contratación de personal calificado y cumplimiento de una serie de requisitos técnicos que implican costos muy importantes”, explicó.
La cuestión espacial tampoco resulta un detalle menor. Muchas estaciones fueron construidas en terrenos que hoy operan al límite de su capacidad, especialmente en grandes ciudades donde cada metro cuadrado disponible tiene un valor estratégico. Y en este sentido, incorporar una línea de revisión técnica demandaría áreas de circulación, sectores de espera y espacios destinados exclusivamente a los procedimientos de control, algo que no siempre está disponible.
Otro aspecto que, según el especialista, limita esa posibilidad es la escasa vinculación histórica entre las estaciones y los talleres mecánicos. “En muchas localidades las dos actividades funcionan por separado. Puede ocurrir que un mismo empresario tenga distintos emprendimientos relacionados con el automotor, pero no es habitual encontrar una integración operativa”, explicó.

Incluso remarcó que los casos en los que existe algún tipo de convivencia suelen darse en establecimientos pequeños o emprendimientos informales que difícilmente cumplan con las condiciones que demandaría una habilitación oficial.
Sin embargo, los estacioneros sondeados consideraron que las estaciones más modernas, particularmente aquellas ubicadas sobre corredores viales, parques logísticos o predios de grandes dimensiones, podrían evaluar alternativas de asociación para ofrecer servicios relacionados con inspecciones técnicas, sin necesariamente asumir de manera directa toda la estructura requerida.
Bajo esta mirada, Sobrero subrayó que “la experiencia internacional muestra que los establecimientos vinculados al expendio de combustibles evolucionan cada vez más hacia formatos multipropósito donde conviven distintas actividades orientadas a resolver necesidades del automovilista en un mismo lugar”.
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