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Un Decreto habilitó su uso en todo el país, pero la reglamentación posterior impuso estándares técnicos, controles permanentes y normas internacionales obligatorias para garantizar la seguridad.
El artículo 4 del Decreto 46/25 que desreguló de despacho de combustibles, autoriza el uso de tanques sobre el terreno en todo el territorio nacional, tanto en estaciones fijas como móviles, pero condiciona esa habilitación al cumplimiento de las normas de seguridad y despacho que establezca la Secretaría de Energía.
Su reglamentación posterior, consolidada en la Resolución 504/2025, avanzó en un régimen integral que fija requisitos técnicos, controles permanentes y obligaciones adicionales para este tipo de instalaciones.

Este nuevo marco incorpora a las estaciones móviles y modulares al Registro de Bocas de Expendio, con exigencias que van más allá de una simple inscripción. Los operadores deberán presentar documentación técnica detallada, contar con seguros vigentes, habilitaciones locales, planes de contingencia y garantías económicas, además de someterse a auditorías periódicas realizadas por empresas externas habilitadas.
La clave del sistema está en los estándares de seguridad. Las estaciones móviles deberán ajustarse a normas internacionales como la NFPA 385 y la UL-2085, que exigen tanques de doble pared, sistemas automáticos de corte y detección de pérdidas, equipos específicos para el control de derrames y extintores certificados en cada unidad.
Desde la Federación de Entidades de Combustibles, los ingenieros Carlos Cozzolino y Marcelo Pontalti, asesores en seguridad e higiene, señalaron que la autorización del uso de tanques sobre el terreno no implica una flexibilización de controles. Por el contrario, remarcaron que estas instalaciones deben cumplir las mismas exigencias que una estación tradicional, sumadas a las obligaciones específicas del nuevo régimen.
Explicaron que es imprescindible respetar las normativas municipales y provinciales, junto con las disposiciones ambientales vinculadas al manejo de residuos peligrosos, el control de tanques y la prevención de derrames. También subrayaron la importancia de las inspecciones periódicas y del seguimiento de los equipos sometidos a presión, un aspecto central cuando se trabaja con combustibles líquidos.
Bajo ese estándar, los tanques están diseñados con doble pared y aislamiento térmico para ofrecer protección adicional contra fugas y derrames, además de resistir fuego e impactos físicos, incluso pruebas que simulan choques de vehículos o resistencias balísticas, lo que refuerza su integridad en situaciones adversas.
“Una cosa es permitir tanques sobre el terreno y otra muy distinta es exigir que esos tanques cumplan normas como UL-2085, que implica doble pared y capacidad de contener derrames y fugas sin que el combustible llegue al ambiente”, expresaron en diálogo con Surtidores. “Esto no es un trámite burocrático: son características que salvan vidas y protegen al entorno”, agregaron.
Los estándares UL –incluido el UL-2085– forman parte de un conjunto de requisitos técnicos que buscan que los sistemas de almacenamiento y expendio de hidrocarburos no solo estén certificados en cuanto a construcción, sino también a su comportamiento frente al fuego, impactos o fallas. Los tanques certificados bajo UL deben mostrar que su diseño incluye contenedores secundarios y espacios intersticiales para detección temprana de fugas, esenciales para minimizar riesgos ambientales y operativos.
Por su parte, las obligaciones de la National Fire Protection Association (NFPA) complementan ese enfoque técnico con requisitos de operación y mantenimiento. Si bien NFPA 385 está más orientada a seguridad en transporte de líquidos inflamables, otros códigos de la asociación (como NFPA 30 o NFPA 30A) que suelen aplicarse para instalaciones de combustible exigen, entre otras cosas, sistemas automáticos de corte en sobrellenados y mecanismos de detección de fugas que detengan el flujo antes de que se convierta en un riesgo mayor.

“La doble pared de un tanque no sirve de nada si no está integrada con sistemas de detección y corte automático que actúen cuando algo falla”, señalaron. “Las normas obligan, por ejemplo, a que cuando el nivel de combustible alcanza cierto umbral se detenga automáticamente, evitando sobrellenados que pueden provocar derrames y accidentes”, agregaron.
Además de las especificaciones constructivas y de detección, los requisitos incluyen la presencia de extintores certificados en cada unidad, mecanismos que, para los expertos, no son accesorios opcionales sino parte integral de un sistema que minimiza riesgos operativos y ambientales.
La aplicación de estas normas, según los profesionales consultados, es una garantía tanto para los usuarios como para las comunidades en torno a estas instalaciones, principalmente allí donde las estaciones móviles cumplirán un rol decisivo para brindar acceso al combustible en zonas sin estación fija.
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