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Potencia disponible, habilitaciones, inversión inicial y modelos de operación. Qué deben analizar los operadores antes de incorporar infraestructura de carga para vehículos eléctricos.
El avance de la electromovilidad desterró la pregunta de si llegará a las Estaciones de Servicio. Ahora el operador quiere saber cuánto cuesta prepararse, qué infraestructura hace falta y de qué manera puede transformarse en una nueva fuente de ingresos.
Según estimaciones sectoriales, el parque argentino de vehículos electrificados ya habría superado las 50.000 unidades a comienzos de 2026 y, con el ritmo de patentamientos registrado hasta mayo, podría ubicarse por encima de las 80.000 unidades durante el año. El salto se explica por el cupo oficial de autos eléctricos e híbridos sin arancel, que amplió la oferta de modelos y aceleró la llegada de nuevas marcas al mercado local.

En ese escenario, el primer paso para un operador no es elegir el cargador, sino revisar si la estación tiene capacidad eléctrica suficiente. En términos prácticos consiste en revisar la potencia contratada y el consumo real del establecimiento. Si no alcanza para alimentar el cargador sin comprometer la operación diaria, el operador deberá evaluar una ampliación y las adecuaciones necesarias, con la ayuda de técnicos profesionales.
“Mínimo se necesitan 22 kW disponibles para un cargador de corriente alterna. En cambio para uno de corriente continua, desde 40 kW en adelante”, explicó Nicolás Nervi, socio fundador de Chargebox, en diálogo con Surtidores.
El segundo paso es determinar qué tipo de cargador se quiere instalar. Los equipos de corriente alterna permiten una inversión más baja y pueden funcionar como una primera experiencia de carga pública. Nervi describe que tiene un valor aproximado de USD 1.900 más IVA, aunque la inversión mínima para comenzar ronda los USD 4.000 cuando se consideran instalación, adecuaciones y puesta en marcha.
Para los cargadores de corriente continua, asociados a una carga más rápida, el desembolso es mayor. De acuerdo con el referente de Chargebox, estos equipos parten desde los USD 9.000 más IVA, con valores que varían según la potencia seleccionada y la complejidad de la instalación.
El tercer paso es revisar el espacio físico. La estación necesita contar con espacios de estacionamiento disponibles y designados exclusivamente para los cargadores. No alcanza con sumar el equipo: el punto debe estar identificado, ser accesible y tener una señalización clara para que el usuario pueda encontrarlo y utilizarlo sin depender de asistencia permanente del personal.
El cuarto paso es ordenar las habilitaciones. Nervi detalló que se requiere la habilitación municipal correspondiente, la presentación de una carpeta ante la Secretaría de Energía y, en las estaciones que cuenten con GNC, el permiso de no objeción vinculado a esa instalación. Por eso, la recomendación es no dejar la cuestión administrativa para el final, sino incorporarla desde el diseño inicial del proyecto.
El quinto paso es definir cómo se va a cobrar el servicio. A diferencia del expendio tradicional de combustibles, la carga eléctrica suele operar mediante aplicaciones digitales. Cada red administra su propia plataforma para habilitar el cargador, registrar el consumo y procesar el pago del usuario.
En el caso de Chargebox, la operación se realiza a través de Ev Jungle, con un esquema prepago y planes de carga. YPF utiliza su propia aplicación y Shell trabaja con Shell Recharge. En los modelos de las petroleras, los operadores reciben comisiones compartidas con la compañía (definidas por la marca), mientras que la firma representada por Nervi acuerda con cada Estación de Servicio la distribución de los beneficios netos obtenidos.
El sexto paso es analizar el modelo de negocio completo. La rentabilidad no depende únicamente de la venta de energía, sino también del tiempo de permanencia que puede generar un usuario mientras carga su vehículo. Para una estación con tienda, cafetería o servicios complementarios, ese período puede transformarse en una oportunidad adicional de consumo.

El séptimo paso es proyectar la demanda futura. Uno de los principales errores, tal como advierte el especialista, es instalar infraestructura pensada solamente para el volumen actual de vehículos eléctricos y no medir los resultados. Un cargador semi rápido puede parecer suficiente en una etapa inicial, pero puede quedar limitado si el crecimiento del parque exige equipos de mayor potencia.
También se debe evitar la mala identificación del punto de carga. Una ubicación poco visible, sin cartelería adecuada o sin cocheras reservadas puede afectar la experiencia del usuario y reducir el uso del servicio, aun cuando el cargador esté operativo.
Los expertos en el rubro ya indican que cualquier inversión, aunque sea la más baja, es muy valiosa, ya que sirve para estudiar la demanda y “aparecer en el mapa” de la infraestructura de carga.
La electromovilidad todavía representa un negocio en desarrollo, pero con decisiones que conviene analizar con anticipación. Siguiendo estos pasos, cada operador podría empezar su proyecto como una primera prueba ordenada y prepararse para escalar en los próximos años.
Las horas no se pagan doble los sabados hasta las 13:00 pm, y sería bueno ya que no pagan insalubridad, que por lo menos todo el sabado y todo el domingo cuente como horas que se paguen doble, y que el trabajador opte por trabajar o no los fines de semana tambien… ¿hace cuantos años se quiere lograr esto? Ya es hora de que piensen en el trabajador, y que los empresarios cedan de una vez por todas.
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