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Contrariamente a lo sucedido el fin de semana pasado, cuando la escasez de combustibles se asentó en Buenos Aires, ahora las perjudicadas fueron las provincias del interior. En algunas ciudades solo despachan las YPF, y en menor proporción las Esso y Shell, en tanto las estaciones Petrobrás tienen las mangueras colgadas. Los expendedores indignados
En sólo siete días el escenario cambió abruptamente. Ya no hay noticias denunciando faltantes de naftas ni pronósticos apocalípticos sobre el futuro energético, tampoco ciertos empresarios del sector desatando la psicosis entre los automovilistas, todo parece haber vuelto a la normalidad en pocas horas, tal como si nada hubiera pasado.
En rigor de la verdad, hubo un mayor aporte al mercado de algunas empresas, YPF por caso que volcó 65,2 millones litros de combustibles adicionales y Esso que recibió 6 millones de litros de nafta importada y reforzó su logística para distribuirlos; pero en realidad lo que cambió fue el epicentro de la escasez.
Este fin de semana el suministro de naftas se normalizó en Buenos Aires pero se resintió en el interior del país, a excepción de los centros turísticos. En muchas de las más importantes ciudades sólo funcionan la mitad de las estaciones de servicio, y ayer domingo los surtidores colapsaban ante la afluencia de la demanda.
Las bocas YPF, y en menor proporción las Esso y Shell, contaban con un resto de producto pero la mayoría de las estaciones Petrobrás lucían las mangueras colgadas. Y es que esta compañía casi no distribuyó naftas el último día del año desde su refinería ubicada en la localidad de San Lorenzo, afectando el expendio de los puntos de venta de la zona que habían agotado sus existencias días antes por la explosión del consumo.
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