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El avance de nuevos formatos obliga a repensar materiales, tecnología, circulación y calidad de obra para acompañar una experiencia más moderna y rentable.
El cambio en las Estaciones de Servicio empieza en lugares menos visibles que una marca nueva o una carta gastronómica. Está en los cables que permiten transmitir información sin demoras, en los materiales y equipos que resisten más y envejecen mejor y en las terminaciones que obligan a mirar la obra con otra precisión. Las nuevas estaciones premium no sólo traen un nuevo diseño, proponen una hoja de ruta para construir mejor.
Ya no se trata únicamente de renovar un local o mejorar una imagen comercial, sino de revisar cómo dialogan la playa, los accesos, los sanitarios, la cartelería, la circulación, la conectividad y cada terminación visible para el cliente.

Desde COSEPESA, empresa especializada en obras para Estaciones de Servicio, observan que el salto de categoría que buscan las petroleras también comienza a modificar los criterios constructivos tradicionales. La evolución no aparece sólo en la estética, sino también en la forma de ejecutar, controlar y pensar los detalles de obra.
“La calidad de construcción, de los materiales y las terminaciones no tienen otra posibilidad que ser excelentes”, señaló Fabián Porco, ingeniero y gerente de operaciones de COSEPESA, al describir el nuevo nivel de exigencia que demandan estos proyectos.
Uno de los aspectos que gana protagonismo es la tecnología aplicada a la operación. Según explicó el ejecutivo en diálogo con Surtidores, hoy se presta especial atención a la transmisión de datos, al cableado de mayor especificación y a los sistemas que permiten trabajar con información en tiempo real, sin demoras ni fallas perceptibles.
En ese punto, por ejemplo, aparecen cables de categoría 5 y 6, UTP y FTP, utilizados para cartelería de precios, pantallas e imágenes que requieren mayor estabilidad y calidad de transmisión.
La innovación, entonces, no siempre se ve como una gran obra nueva. A veces aparece en la capacidad de una pantalla para responder con precisión, en una imagen que se reproduce sin interrupciones o en un sistema que permite que la información comercial y operativa esté disponible con más velocidad. Para los operadores, esa dimensión técnica se vuelve cada vez más relevante porque conecta directamente con la experiencia de consumo y con la imagen de modernidad que transmite el punto de venta.
Pero el cambio no se agota en la tecnología, también se expresa en las materialidades. Como ejemplo, el lanzamiento del modelo YPF Black representa fielmente la transición: pisos de mayor calidad, paneles, vidrios, espacios más abiertos, incorporación de naturaleza y una estética industrial que antes podía encontrarse en restaurantes, cafeterías o locales de alto diseño, pero que no era habitual en el rubro estacionero. El techo sin cielo raso, las vigas a la vista y los ambientes más integrados empiezan a formar parte de un lenguaje arquitectónico distinto para la actividad.
Ese enfoque obliga a mirar la estación como una totalidad. La tienda puede ser el punto que dispara la renovación, pero no puede quedar aislada del resto del predio. “Si el interior promete una experiencia de mayor valor, la playa, los sanitarios, los accesos y la circulación deben acompañar esa misma promesa”, indicó Porco.
No se trata de copiar un formato, sino de comprender la lógica que lo sostiene: la coherencia entre lo que se ofrece y lo que el cliente efectivamente percibe.

Esa coherencia es especialmente importante para las Estaciones de Servicio que no necesariamente formen parte de un desarrollo premium de gran escala, pero que busquen mejorar su competitividad. El aprendizaje para el resto del mercado está en entender que cada decisión de obra comunica. Un piso desgastado, una iluminación pobre, un sanitario descuidado o una tienda que no conversa con la playa pueden debilitar una inversión comercial más amplia.
En ese sentido, el nuevo estándar funciona como un espejo para otras banderas y también para estaciones independientes. No todos los operadores deberán realizar intervenciones del mismo tamaño, pero sí podrán revisar cuáles son los puntos críticos de su infraestructura.
Desde COSEPESA remarcan que esa nueva exigencia también modifica la forma de trabajar de las empresas constructoras. Las obras requieren mayor coordinación entre proyectistas, ingeniería, dirección de obra, instaladores, operadores y equipos de estación, especialmente cuando los trabajos se realizan sobre establecimientos que siguen funcionando. Esa mirada sobre el detalle aparece como una de las claves del nuevo ciclo: ya no alcanza con resolver técnicamente una obra, sino que cada decisión debe sostener una experiencia más amplia, más cuidada y más rentable.
El cambio conceptual también reubica a la Estación de Servicio dentro de la vida cotidiana del cliente. Los nuevos formatos buscan que deje de ser únicamente un punto de carga para convertirse en un espacio de pausa, consumo, encuentro o trabajo.

Por eso, el impacto inicial ocupa un lugar relevante. Una estación que busca diferenciarse necesita generar una percepción inmediata de cambio. “Lo primero que te tiene que pasar es el factor sorpresa”, sostuvo Porco.
La discusión de fondo, entonces, no es si todas las estaciones deben convertirse en premium, sino qué enseñan esos modelos sobre la próxima etapa de la construcción en el sector. La respuesta parece estar en una idea simple, pero cada vez más determinante: la infraestructura ya no es sólo el soporte físico del negocio. También es parte de la experiencia, de la permanencia del cliente y de la capacidad de una Estación de Servicio para seguir siendo relevante en un mercado que empieza a competir por mucho más que el combustible.

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