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No venden software ni reemplazan sistemas: analizan el funcionamiento de cada establecimiento, identifican tareas repetitivas y ayudan a automatizar el trabajo diario para ahorrar tiempo y optimizar la gestión.
El contador, el abogado laboralista, el especialista en seguridad e higiene y el asesor energético forman parte desde hace años del tablero externo de una Estación de Servicio. Ahora, una nueva generación de profesionales comienza a acercarse al sector con una propuesta diferente: identificar dónde se pierde tiempo y convertir la inteligencia artificial en una herramienta de trabajo para el operador y su equipo.
La aparición de estos consultores responde a una distancia cada vez más evidente. Acceder a ChatGPT, Gemini, Claude o cualquier plataforma similar resulta sencillo, pero lograr que alguna de estas intervenga de manera ordenada en un informe, una búsqueda laboral, el análisis de una planilla o la planificación de la tienda exige conocimientos, criterios comunes y procedimientos que puedan repetirse.

Una de las firmas que trabaja sobre esa brecha es Apprendia, una empresa argentina que combina capacitación y consultoría en inteligencia artificial. Miguel Medina, consultor, instructor y socio de la firma, cuenta con una trayectoria que comenzó en la década de 1990 y atravesó áreas de soporte, infraestructura, DevOps, servicios en la nube, conducción técnica y formación de equipos. Esa experiencia lo llevó a concentrarse en una pregunta que hoy también empieza a aparecer entre los estacioneros: ¿cómo se traduce la inteligencia artificial en una mejora concreta del trabajo?
En diálogo con Surtidores explicó que las consultas empresariales no suelen comenzar con conceptos técnicos, sino con dificultades cotidianas. Recursos humanos, administración y procesamiento de información aparecen entre las áreas donde una tarea repetitiva puede convertirse en el punto de partida para diseñar una aplicación.
Uno de los ejemplos mencionados fue una búsqueda laboral cuyo tratamiento podía extenderse durante varios días. Al describir la diferencia que puede producir una utilización adecuada, Medina sostuvo que “con la IA se lo resuelve en 10 minutos”. El caso no implica que una decisión sobre personal deba quedar automatizada, sino que la clasificación inicial de información puede reducirse para que la evaluación humana se concentre en los candidatos pertinentes.
¿Qué equivalencias encuentra este planteo en una Estación de Servicio? Las primeras posibilidades aparecen en tareas que ya producen información, pero que todavía demandan revisión manual: conciliaciones bancarias, elaboración de reportes, comparación de archivos, seguimiento de objetivos, carga de datos, organización de turnos y análisis de ventas.
El siguiente escalón consiste en conectar la inteligencia artificial con los documentos que una empresa actualiza habitualmente. El referente de Apprendia describió la posibilidad de que una solución “pueda conectar en la nube, pueda escribir archivos en tu Drive (…) analiza y te pasa un resumen”. De esta manera, el uso deja de depender de copiar información manualmente en una conversación cada vez que se necesita elaborar un informe.
Para una Estación de Servicio, ese esquema podría aplicarse a planillas de ventas, movimientos de la tienda de conveniencia, registros administrativos o documentos compartidos entre encargados. También abre la posibilidad de generar alertas, consolidar datos de diferentes turnos y detectar variaciones que luego deberán ser interpretadas por el responsable del establecimiento.
La tienda ofrece otro campo de análisis. Los registros de consumo, rotación e insumos pueden utilizarse para observar comportamientos, comparar períodos y anticipar necesidades de reposición. El consultor no reemplaza al sistema de gestión ni decide qué comprar: ayuda a determinar qué archivos deben relacionarse, qué instrucciones necesita el modelo y qué resultado será útil para el encargado.
El interés por este tipo de acompañamiento coincide con una adopción creciente entre las pequeñas y medianas empresas. Una encuesta de la OCDE realizada a más de 5.000 PyMEs de siete países determinó que el 31 por ciento ya utilizaba inteligencia artificial generativa. Entre las usuarias, el 65 por ciento afirmó que había mejorado el desempeño de los empleados y aproximadamente un tercio observó una reducción de la carga laboral.
Sin embargo, la misma investigación expuso la brecha que empieza a ser cubierta por capacitadores y asesores. Solo un tercio o menos de las PyMEs había formado al personal, establecido pautas internas o investigado las implicancias legales de utilizar estos sistemas. A su vez, el 54 por ciento manifestó inquietudes sobre derechos de autor, regulaciones y el destino de los datos ingresados.
La función del consultor aparece, entonces, antes de elegir una plataforma. Su trabajo comienza con el relevamiento de una tarea, la identificación de la información disponible y la definición de un resultado esperado. Luego puede continuar con una prueba acotada, la capacitación de los responsables y la medición del tiempo, los errores o los costos antes y después de la implementación.
La velocidad con la que cambian los modelos agrega otra dificultad. Medina señaló que la comparación entre plataformas se realiza de manera permanente y que ninguna conserva ventajas absolutas para todos los usos. Por eso, frente a la discusión sobre cuál es superior, recomendó “enfocarse más en cómo hablarle”. La calidad de las instrucciones, los archivos suministrados y los criterios de revisión puede pesar tanto como el nombre del asistente.

A la formación también se suma una responsabilidad que no puede delegarse. La Agencia de Acceso a la Información Pública recomienda realizar evaluaciones de impacto y aplicar medidas de seguridad antes de implementar sistemas que procesen datos personales. Para un operador, esto alcanza a currículums, información bancaria, registros de empleados, patentes y antecedentes de clientes.
La incorporación de estas aplicaciones tampoco equivale necesariamente a reducir personal. El 83 por ciento de las empresas consultadas por la OCDE afirmó que la inteligencia artificial no modificó la cantidad total de empleados requeridos. En cambio, el 20 por ciento consideró que aumentó la necesidad de nuevas capacidades, más del doble del 9 por ciento que observó una disminución.
Para las Estaciones de Servicio, el surgimiento de consultores especializados amplía el mapa tradicional de proveedores. Antes de contratarlos, el operador podrá exigir respuestas concretas: qué problema se busca resolver, cuánto tiempo consume actualmente, qué información será utilizada, cómo se protegerá y qué indicador permitirá comprobar la mejora. Sin esas definiciones, no existe todavía un proyecto de inteligencia artificial, sino apenas una demostración atractiva.
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