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Los empleados pensaron que venían de una fiesta, pero en escasos segundos comprobaron que se trataba de asaltantes. Amenazados subieron a la casa del propietario y allí lo obligaron a abrir la caja fuerte y se llevaron los 70 mil que según la denuncia estaban guardados en la caja fuerte
Ataviados con pelucas, cuatro hombres llegaron de madrugada a una estación de servicio. Los tres empleados del comercio pensaron que venían de una fiesta, pero en escasos segundos comprobaron que se trataba de asaltantes. Con armas de fuego, los desconocidos los inmovilizaron y subieron a la planta alta, donde vive el dueño. Le ordenaron que abriera la caja fuerte y los 70 mil pesos que había en el artefacto pasaron en un instante a manos de los hombres disfrazados.
Ese es el relato que, visiblemente alterado por el suceso, brindó el dueño del local comercial a efectivos del Comando Radioeléctrico que llegaron al lugar, según consigna el Diario
El asalto ocurrió en una estación de servicios YPF, situada en el ciudad de Rosario. Cuando faltaban diez minutos para las 3, según el acta del Comando, cuatro hombres atravesaron el playón del comercio. Allí estaban dos empleados a cargo de los surtidores y otro trabajador que atendía el mostrador del minimarket.
Los muchachos creyeron que venían de una fiesta porque tenían pelucas, comentó a ese diario un playero que reiteró el testimonio de sus compañeros del turno noche.
Apenas se toparon con los empleados, los recién llegados dejaron de simular gestos relajados y desenfundaron armas de fuego. Esto es un asalto, anunció uno de ellos. Con la situación controlada, los ladrones le quitaron a uno de los playeros los 500 pesos de la recaudación y después repartieron tareas. Dos quedaron en el playón, dos caminaron los pocos metros que los separaban del minishop.
Una vez adentro, según contó el trabajador, los dos intrusos encañonaron al empleado que estaba detrás de mostrador y lo obligaron a subir a la planta alta del salón comercial.
Allí vive el propietario del negocio. El trabajador golpeó la puerta. ¿Quién es?, preguntó el comerciante. Soy yo, respondió a secas el empleado, intimidado por las armas que portaban los maleantes. Apenas el dueño de la estación de servicio le franqueó el paso, detrás del trabajador aparecieron los dos ladrones que se introdujeron con rapidez en la propiedad.
Los gestos amenazantes se repitieron con el comerciante. Exhibiendo armas de fuego, lo obligaron a abrir la caja fuerte y recogieron los 70 mil que según la denuncia estaban guardados en el artefacto.
Esta versión del suceso que brindó un empleado de la estación coincide con la relatada por un oficial a cargo de la investigación, salvo por un detalle. El uniformado sostuvo que el titular del comercio estaba en el minimarket, y no en su casa, cuando irrumpieron los ladrones.
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