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Referentes del sector sostienen que el encarecimiento del crudo vuelve más competitivos al bioetanol y al biodiesel. Aseguran que Argentina tiene capacidad productiva para ampliar la mezcla en los combustibles y reducir la dependencia de importaciones.
El porcentaje de biocombustibles que se mezcla con naftas y gasoil es una de las variables clave de la política energética. Ese “corte” define cuánto bioetanol y biodiesel se incorporan a los combustibles fósiles que llegan al surtidor y, por lo tanto, su impacto en la economía, en la producción agroindustrial y en el abastecimiento interno. En medio de la escalada internacional del petróleo, empresarios y especialistas del sector que dialogaron con Surtidores coincidieron en que ampliar esos porcentajes podría transformarse en una herramienta para amortiguar costos y aprovechar la capacidad productiva local.
El fundador de Essential Energy Holding, Federico Pucciarello, advirtió que el precio del crudo podría escalar a niveles récord si el conflicto internacional se prolonga. “En Europa ya se habla de que el barril podría superar los 200 dólares si la situación se extiende algunos días más”, afirmó.

Según explicó, en este contexto los biocombustibles pasan a ser particularmente competitivos. “Hoy en Argentina están incluso más baratos que el fósil en este tipo de situaciones. Además estamos en plena cosecha, con commodities agrícolas en baja mientras los fósiles suben”, señaló, al remarcar que esa combinación abre una oportunidad para incrementar los porcentajes de mezcla.
Desde el sector azucarero, el presidente del Centro Azucarero Argentino, Jorge Feijóo, coincidió en que aumentar el corte de bioetanol sería una decisión económica razonable. “Argentina tiene capacidad instalada para producir más bioetanol y reemplazar parte de la nafta que se importa, cuyo precio depende de factores geopolíticos que el país no controla”, sostuvo.
Para Feijóo, una mayor participación del biocombustible permitiría además fortalecer la economía local. “Incrementar el uso de bioetanol significa ahorrar divisas, mejorar la balanza energética y agregar valor a recursos agrícolas producidos en el país”, remarcó.
Una visión similar expresó Federico Martelli, director ejecutivo de la Cámara de Empresas Pymes Regionales Elaboradoras de Biocombustibles (CEPREB), quien planteó la importancia de diversificar la matriz energética. “La suba del petróleo reafirma la necesidad de incrementar el uso de biodiesel y bioetanol y contar con un mix de energías que le dé al país autonomía y capacidad de planificación”, afirmó.
Desde la industria del biodiesel, el director de CASFER, Marcelo Kusznierz, advirtió que las tensiones internacionales también reavivan el riesgo de escasez de combustibles. “No es descabellado pensar en faltantes, como ocurrió al inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania”, sostuvo.
El dirigente destacó que la Argentina cuenta con una importante capacidad productiva sin utilizar. “El país puede producir cerca de 4 millones de toneladas de biodiesel al año y hoy apenas supera el millón, lo que permitiría elevar rápidamente el corte actual”, precisó.

Según Kusznierz, esa capacidad podría llevar la mezcla desde el 7,5 por ciento hacia niveles cercanos al 13 por ciento, lo que ayudaría a sostener la actividad productiva. “Es una oportunidad para mantener la movilidad, las máquinas funcionando y garantizar combustible para la cosecha”, indicó, al tiempo que subrayó que el biodiesel hoy ya se ubica por debajo del precio del gasoil premium.
Por su parte, el director del Instituto Argentino de la Energía “General Mosconi”, Diego Roger, advirtió que el encarecimiento del petróleo termina trasladándose a toda la economía. “Tarde o temprano impacta en el precio del surtidor y también en la cadena del agro”, señaló.
El especialista explicó que el aumento del costo de la energía también incide en insumos clave como los fertilizantes, lo que puede repercutir en los precios de granos como el maíz y la soja. Sin embargo, consideró poco probable que el Gobierno utilice el aumento del corte de biocombustibles como herramienta para moderar el impacto en los combustibles, aunque reconoció que en el caso del biodiesel existe capacidad productiva suficiente para hacerlo.
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