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Las lluvias intensas y el ascenso de las napas pueden comprometer las instalaciones. Qué se recomienda revisar para proteger la infraestructura y mantener el suministro durante las emergencias.
El fenómeno de El Niño, asociado al calentamiento de las aguas del Pacífico ecuatorial y a cambios en la circulación atmosférica, puede favorecer períodos de lluvias superiores a las habituales en gran parte de la Argentina. Para las Estaciones de Servicio, especialmente aquellas ubicadas en zonas ribereñas o inundables, esas condiciones requieren prestar atención al ascenso de las napas, la protección de los tanques y el ingreso de agua en las instalaciones. Sus efectos varían según la región y la época del año, por lo que las medidas deben responder a las características de cada ubicación.
Una inundación puede generar daños costosos y dejar una boca de expendio fuera de funcionamiento. Además de atender la demanda habitual, las estaciones cumplen un papel importante en el abastecimiento de los vehículos que intervienen en tareas de asistencia. Sobre esa función puso el acento el auditor Sebastián Zambrano, quien, en diálogo con Surtidores, propuso abordar la prevención desde una mirada que exceda las consecuencias comerciales de una interrupción.

El experto priorizó abordar este tema desde una óptica social antes de la comercial y en ese contexto expresó que “ante distintos tipos de siniestros, es indispensable garantizar el suministro de combustible a los vehículos de las fuerzas vivas que hacen frente a estas situaciones”. Para el especialista, mantener las instalaciones en condiciones óptimas contribuye a garantizar la movilidad de la comunidad. Su análisis distingue las bocas ubicadas en zonas ribereñas o inundables de aquellas que, aunque estén fuera de esos sectores, pueden quedar expuestas a precipitaciones abundantes.
En el primer grupo, advirtió sobre los tanques vacíos que no cuentan con sunchos de anclaje. El ascenso del agua subterránea puede ejercer un empuje capaz de desplazarlos y dañar tanto el sistema de almacenamiento como la infraestructura que los rodea. “Ante la subida de las napas, la presión puede hacer flotar los tanques, lo que provocaría la rotura del sistema de almacenamiento subterráneo de hidrocarburos, del piso de hormigón y de otros activos muy costosos”, explicó.
Zambrano recomendó “llenarlos con agua hasta que bajen las napas”. La propuesta del entrevistado requiere evaluación técnica para cada instalación, dado que las guías de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos desaconsejan esa práctica por la posible corrosión y la necesidad de gestionar posteriormente el agua contaminada.
Para los tanques en uso o considerados prioritarios, el auditor aconsejó mantenerlos siempre con combustible y destacó la importancia de conocer las condiciones de sujeción de cada unidad. “Quienes cuenten con tanques sunchados tendrán mayor margen de seguridad ante esta situación”, señaló.
La segunda parte de sus recomendaciones comprende al resto de las estaciones expuestas a lluvias por encima de los promedios habituales. Allí, el mantenimiento de los componentes de cierre y protección adquiere especial relevancia para reducir las posibilidades de ingreso de agua. Entre los puntos que sugirió revisar aparecen los venteos. “Hay que verificar que cuenten con su sombrerete o válvula en buenas condiciones”, indicó, y extendió la observación a las áreas de descarga remota y las bocas directas, particularmente cuando se encuentran fuera de la cobertura del techo.
En esos sectores, recomendó asegurar el buen estado de las tapas y las juntas, cuya conservación resulta importante frente a precipitaciones persistentes. También aconsejó incrementar la frecuencia de los controles de agua en los tanques durante los períodos de alta humedad, al advertir que esas condiciones favorecen la condensación interna. Su planteo apunta a reforzar el seguimiento para detectar problemas antes de que afecten el funcionamiento de la boca de expendio.

Las observaciones del auditor también alcanzan a la obra civil. En particular, cuestionó que la ejecución del hormigón de playa reciba una atención secundaria frente a otros trabajos, pese a su relación con los niveles, el drenaje y los puntos de descarga. “He observado que el sector del hormigón suele dejarse para el final o asignarse a personal inexperto”, sostuvo, y remarcó que esa superficie necesita una planificación acorde con las exigencias de la actividad.
“El hormigón de playa requiere un diseño específico en su estructura, cálculo y niveles, coordinado con el sistema de rejillas, cámaras y bocas de descarga”, detalló. Para los expendedores, la prevención frente a lluvias intensas exige revisar tanto los elementos visibles como las condiciones de la infraestructura enterrada. La ubicación de cada estación y las características de sus tanques ayudan a determinar dónde concentrar la atención, pero el criterio general que propone Zambrano es el mismo. “Es fundamental abordar la obra de playa como un conjunto integral y con el diseño técnico adecuado”, concluyó.
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