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La experiencia de más de una década acompañando el control de combustibles en operaciones mineras de alta montaña revela que su verdadero valor trasciende el abastecimiento de equipos: es un recurso estratégico para sostener la seguridad, la autonomía y la continuidad de las actividades en escenarios extremos.
Durante años, el combustible fue considerado simplemente como el recurso que permite poner en marcha un motor. Sin embargo, la experiencia acumulada en operaciones mineras ubicadas a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar demuestra que su importancia va mucho más allá de esa función básica. En condiciones extremas, donde el clima puede modificar por completo el desarrollo de una jornada, contar con reservas suficientes significa garantizar la continuidad de las operaciones y, sobre todo, proteger a las personas.
Esa es una de las principales conclusiones que deja más de una década de trabajo de Sabaki Technologies acompañando sistemas de control de combustibles en la alta montaña. Lejos de limitarse a la administración de litros, la experiencia permitió comprender que la gestión eficiente del abastecimiento constituye un elemento crítico para sostener la actividad en algunos de los entornos más hostiles del país.

Quienes desarrollan sus tareas en la cordillera conocen mejor que nadie ese desafío. Conductores, operadores y equipos de logística conviven con tormentas de nieve, viento blanco, hielo negro y caminos que pueden quedar completamente intransitables en cuestión de minutos. En ese escenario no existe margen para la improvisación y cada decisión debe estar respaldada por planificación y disponibilidad de recursos.
La última temporada invernal volvió a poner esa realidad en evidencia. Hace pocas semanas, una intensa nevada, considerada la más importante de los últimos 25 años en la región, paralizó gran parte de la actividad en la alta montaña. El fenómeno estuvo asociado a la influencia de El Niño, que favoreció el ingreso de grandes volúmenes de humedad desde el océano Pacífico. Al encontrarse con la barrera de la Cordillera de los Andes, esas masas de aire descargaron precipitaciones excepcionales que dejaron acumulaciones promedio de 1,5 metros de nieve, además de condiciones extremas de hielo y neblina.
Los especialistas advierten que la dinámica climática mantiene la posibilidad de nuevos frentes similares durante agosto y septiembre, un panorama que obliga a reforzar las estrategias de preparación para evitar interrupciones prolongadas.
En ese contexto surge una pregunta clave: ¿qué significa realmente “tener combustible“? La respuesta no siempre es evidente. Disponer de stock en un depósito central no garantiza que una operación esté en condiciones de continuar trabajando. Lo verdaderamente importante es contar con combustible disponible donde y cuando se necesita para mantener la autonomía de los equipos.
La experiencia demuestra que el combustible sostiene mucho más que la movilidad de una flota. Permite mantener funcionando campamentos completos, abastecer sistemas de agua, garantizar la calefacción en temperaturas extremas y conservar la capacidad de respuesta frente a situaciones imprevistas. En otras palabras, sostiene la continuidad de toda una comunidad operativa.
Un ejemplo que ilustra esta realidad ocurrió en la mina Veladero. Luego de permanecer casi tres semanas aislada por un fuerte temporal, la operación logró conservar intacta su infraestructura y a su personal. Sin embargo, el regreso a la actividad no pudo ser inmediato. Durante el aislamiento, los vehículos y equipos habían agotado las reservas que les permitían operar de manera independiente. Aunque las instalaciones seguían en pie, la capacidad productiva no podía recuperarse hasta restablecer el abastecimiento.
La situación dejó una enseñanza contundente: una emergencia no concluye cuando cesa la tormenta o mejora el estado de los caminos. La verdadera recuperación comienza cuando la operación vuelve a disponer de los recursos necesarios para responder con autonomía y retomar sus actividades de manera segura.

Por ese motivo, el combustible adquiere un valor estratégico que muchas veces pasa inadvertido. Su presencia permite tomar decisiones, sostener la actividad durante contingencias, esperar el momento adecuado para reanudar las tareas y reducir los riesgos para las personas. Cuando todo funciona correctamente, rara vez ocupa un lugar central en la conversación. Paradójicamente, ese silencio refleja el éxito de una planificación que anticipó escenarios adversos y garantizó que cada recurso estuviera disponible en el momento indicado.
La experiencia en la alta montaña demuestra que gestionar combustible ya no consiste únicamente en controlar consumos o administrar inventarios. Significa construir resiliencia operativa, asegurar la continuidad del negocio y brindar las condiciones necesarias para que quienes trabajan en ambientes extremos puedan hacerlo con mayor seguridad, incluso cuando la naturaleza impone sus reglas.
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