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La flexibilización normativa habilitó nuevas alternativas, pero especialistas sostienen que elegir componentes certificados y tecnologías de última generación resulta clave para evitar filtraciones, preservar el ambiente y garantizar sustentabilidad operativa.
Las recientes modificaciones regulatorias impulsadas por el Gobierno nacional reactivaron el debate sobre el futuro de las instalaciones destinadas al expendio de hidrocarburos. La autorización de tanques aéreos y formatos móviles abrió posibilidades de menor desembolso inicial, aunque dentro del sector prevalece otra prioridad: proteger el terreno frente a eventuales pérdidas de producto.
En una actividad atravesada por exigencias técnicas y controles cada vez más estrictos, las decisiones vinculadas con infraestructura dejaron de medirse únicamente por el costo inmediato. Hoy adquiere mayor relevancia la capacidad de prevenir incidentes capaces de generar consecuencias económicas, legales y ambientales de gran escala.

Por esa razón, los operadores continúan inclinándose por configuraciones subterráneas equipadas con tecnología avanzada, materiales certificados y sistemas preparados para detectar anomalías antes de que se conviertan en un problema crítico.
Las actuales instalaciones SASH (Sistema de Almacenamiento Subterráneo de Hidrocarburos) incorporan soluciones muy distintas a las utilizadas años atrás. Doble pared, monitoreo permanente y conductos flexibles forman parte de un esquema diseñado para maximizar hermeticidad y minimizar posibilidades de fuga.
“Las instalaciones subterráneas de hidrocarburos evolucionaron hacia materiales más sustentables y seguros, como cañerías flexibles”, explicó a Surtidores Sergio Pastorino, director de Pastorino Global Services. Según indicó, compañías internacionales como OPW desarrollan equipamiento pensado específicamente para reforzar confiabilidad y protección ambiental.
La transformación también alcanza conexiones, accesorios y tendidos eléctricos. La utilización de conductos plásticos flexibles facilita montajes, reduce puntos vulnerables y mejora la adaptabilidad de las obras. Firmas como Zepinni acompañan esta evolución mediante propuestas integrales orientadas a elevar estándares técnicos dentro de las estaciones.
El especialista afirma que el verdadero desafío consiste en impedir filtraciones capaces de afectar napas, deteriorar terrenos y provocar costosos procesos de remediación. Una falla estructural puede comprometer seriamente la continuidad comercial de cualquier emprendimiento.
“La inversión es importante, pero vale la pena. Un problema de contaminación puede costarle millones a una estación”, advirtió Pastorino.

Aunque los tanques sobre superficie aparecen como una alternativa rápida y económicamente accesible, todavía no consiguen modificar la lógica predominante del mercado. La experiencia acumulada, el resguardo frente a factores externos y el nivel de seguridad alcanzado por los sistemas enterrados continúan inclinando la balanza.
A eso se suma un contexto internacional donde las políticas vinculadas con sustentabilidad, prevención y cuidado ambiental adquieren creciente protagonismo dentro de toda la cadena energética.
“Hoy las Estaciones de Servicio prefieren seguir utilizando tanques subterráneos en lugar de aéreos. Creemos que habrá una migración muy paulatina hacia ese tipo de instalaciones”, concluyó el director de Pastorino Global Services.
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