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Las Estaciones de Servicio deben comprobar las condiciones del recipiente y contar con un procedimiento conocido por todos los turnos. Las recomendaciones también alcanzan al abastecimiento de tambores y batanes.
La carga de combustible en bidones es una operación habitual que requiere una decisión previa del personal de playa: comprobar si el recipiente y las condiciones de llenado permiten realizarla de forma segura. Para los expendedores, sostener el mismo criterio en todos los turnos ayuda a evitar excepciones por apuro, costumbre o insistencia del comprador.
Mariano Sobrero, asesor en Seguridad e Higiene de Estaciones de Servicio, recomendó reforzar la capacitación y las instrucciones para atender estos requerimientos. El especialista recordó que el suministro en recipientes externos al tanque del vehículo se considera una carga a granel y exige procedimientos particulares, aunque se soliciten pocos litros.
“En bidones se pueden cargar todos los productos”, explicó. La nota de la autoridad competente que aportó como referencia contempla naftas, gasoil en todas sus formulaciones y kerosene, siempre que se utilicen envases adecuados.

El documento establece que deben ser metálicos o de plástico indeformable, con resistencia comprobada a los hidrocarburos y cierre hermético. La apariencia del recipiente no alcanza para autorizar el despacho: es necesario verificar que resulte apto para el producto solicitado y que conserve sus condiciones de seguridad.
Las capacidades indicadas son de entre 5 y 20 litros por bidón, con un máximo total de 60 litros por despacho bajo esta modalidad. El límite individual y la cantidad acumulada son dos controles diferentes que el trabajador debe tener presentes antes de comenzar.
Sobrero remarcó que estas condiciones surgen de las indicaciones de la Secretaría de Energía. Su recomendación apuntó a que cada estación tenga definido el procedimiento y lo comunique a todo el personal, para que la aceptación de un envase no dependa de quién esté atendiendo.
Ante dudas sobre el material, el estado o el cierre, la consulta al responsable debe realizarse antes de cargar. El argumento de que un bidón ya fue utilizado otras veces no permite acreditar su aptitud ni reemplaza la revisión.
La posición durante el llenado es otro punto a tener en cuenta. Los recipientes deben bajarse del vehículo y apoyarse sobre el piso de la playa. El instructivo prohíbe cargarlos dentro del baúl, del habitáculo o sobre la caja de una camioneta.
La preparación debe completarse antes de habilitar el surtidor. También se requiere emplear un caño prolongador del pico que permita descargar el combustible hacia el fondo del recipiente y minimizar la generación de electricidad estática.
Sobrero diferenció, además, los productos según la modalidad. “Naftas, solamente en bidones”, precisó. Para tambores y batanes, señaló el despacho de gasoil o diesel, sujeto a las condiciones particulares de cada operación.
En tambores, la nota técnica establece una capacidad máxima de 200 litros por unidad y hasta dos por cliente. El llenado no debe superar el 90 por ciento de su capacidad y los recipientes tienen que estar libres de abolladuras, corrosión o hendiduras que comprometan su estanqueidad.
También deben contar con cierre hermético, identificación adecuada y sujeción al vehículo que los transporta. La operación exige un prolongador hasta el fondo y una estación preparada para ese despacho, con escalera tipo plataforma para evitar que el trabajador suba a la caja.
Para los batanes, el especialista advirtió que la revisión no termina en el equipo que llega a abastecerse. La Estación de Servicio debe disponer de infraestructura que permita conectar el venteo y efectuar la puesta a tierra. Por eso, aconsejó que los expendedores comprueben qué operaciones pueden realizar antes de aceptar esos pedidos.
Los requisitos que aportó contemplan batanes de hasta 2.000 litros, exclusivamente para gasoil en sus distintas formulaciones. Deben estar construidos en chapa de acero, montados sobre chasis y presentar una estructura suficientemente rígida para evitar deformaciones con el 90 por ciento de su capacidad de carga.
La capacidad debe figurar en ambos laterales y en la parte trasera, junto con la inscripción “peligro combustible”, la identificación de riesgo 30, el número ONU 1202 y el rombo de inflamable. La altura del conjunto debe permitir que el operario introduzca la manguera permaneciendo sobre el piso de la playa.
La boca de carga tiene que contar con cierre hermético, admitir un pico de una pulgada y disponer de un tubo prolongador que lleve la descarga al fondo. El equipo debe incorporar una conexión de bronce para sujetar la pinza de puesta a tierra.

La aireación requiere una vinculación específica entre el batán y la estación. Según el extracto técnico, el recipiente debe tener, del lado opuesto al de carga, una cañería de una pulgada y tres cuartos, con tapa roscada que impida el ingreso de agua y malla metálica inferior.
Antes del llenado, esa salida debe conectarse a la cañería de venteo de la instalación, de diámetro concordante y con descarga libre a los cuatro vientos por encima del techo de la zona de despacho. El acople debe ser flexible, hermético y de cierre rápido. Los batanes también deben mantener vigentes las certificaciones de auditoría exigidas por la Disposición SSE 76/97.
Sobrero recomendó que estas verificaciones formen parte de la organización cotidiana de la playa. Para el expendedor, la principal medida es que cada trabajador sepa qué revisar, cuándo consultar y en qué casos rechazar el despacho. La seguridad de la carga debe quedar resuelta antes de accionar el surtidor.
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