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Especialistas explican qué deben revisar los estacioneros y cómo puede afectar a quienes cuentan con paneles solares.
Una factura de electricidad puede alterar en un mes las cuentas que una Estación de Servicio proyectó para todo el año. Entre los compresores de GNC, la refrigeración de la tienda y los equipos que funcionan durante jornadas completas, anticipar cuánto costará mantener la operación se vuelve una tarea que también pasa por revisar cómo se compra la energía.
Para Martín Dapelo, consultor especialista en Eficiencia Energética y Energías Renovables y secretario de CADER, la contratación con generadores ofrece una herramienta para administrar esa incertidumbre. El beneficio depende de las condiciones acordadas y del perfil del establecimiento, pero tiene un punto de partida concreto: “La principal ventaja es que un contrato de energía te da previsibilidad”.
El especialista explicó a Surtidores que, para los grandes usuarios que actualmente se abastecen mediante distribuidoras y están alcanzados por los cambios regulatorios, pasar a la categoría de Gran Usuario Menor —GUMe— (con una potencia contratada superior a 300 kW) permite negociar el abastecimiento con un proveedor privado. Esa decisión requiere analizar precios, compromisos y plazos que tendrán incidencia sobre los gastos de la estación.

El tema tiene un antecedente inmediato en el aviso publicado el 17 de septiembre por la Subsecretaría de Energía Eléctrica: el Automóvil Club Argentino informó que asumió la titularidad del establecimiento ubicado en Uruguay 1, Pilar, anteriormente a nombre de OPESSA, y solicitó continuar como GUME bajo las mismas condiciones. Se trata de un suministro que ya participaba del Mercado Eléctrico Mayorista, cuyo cambio de titularidad permite poner el foco en esta modalidad de compra.
Dapelo vincula el interés por contratar energía con las modificaciones introducidas por la Resolución 400/2025 y con la exposición de los grandes usuarios de distribuidoras a las variaciones del costo eléctrico. Los aumentos registrados durante el invierno impulsaron a empresas a buscar acuerdos que les permitan anticipar sus desembolsos.
La negociación puede involucrar distintas tecnologías de generación. “Puede ser un generador térmico, puede ser un generador renovable, acá se compite por precio”, señala. Según describe, las ofertas térmicas suelen contemplar contratos anuales, mientras que las renovables habitualmente proponen períodos más extensos. También existen diferencias entre valores fijos y esquemas con componentes variables o ajustes estacionales.
Por eso, la duración del acuerdo merece tanta atención como el precio inicial. Dapelo advierte que una empresa puede quedar comprometida a pagar un valor que luego resulte elevado frente a una baja del mercado. La previsibilidad tiene que evaluarse junto con ese riesgo y con la capacidad de la estación para sostener las obligaciones asumidas.
En coincidencia, Marcelo Espeche, ingeniero de Baires Energía, plantea que la conveniencia debe calcularse a partir de las facturas de los últimos doce meses y de las ofertas disponibles al momento de contratar. Añade que los establecimientos con GNC merecen especial atención por el consumo eléctrico de sus compresores.
Como ejemplo ilustrativo, considera una estación que consume 40 MWh mensuales y obtiene una diferencia promedio favorable de 20 dólares por MWh respecto de su alternativa de abastecimiento. Bajo esos supuestos, el ahorro en energía sería de 800 dólares mensuales y 9.600 anuales. El ejercicio no representa una oferta comercial ni un resultado garantizado para cualquier establecimiento.
Ambos especialistas coinciden en que contratar con un generador no elimina los pagos por utilizar la infraestructura eléctrica. La distribuidora continúa prestando el servicio de red y cobrando los cargos correspondientes; también permanecen los impuestos y otros conceptos que deben incorporarse a la comparación del costo final.
Respecto de la potencia, Dapelo la incluye junto con la energía entre los componentes que pueden negociarse en el contrato. Espeche, por su parte, pone el acento en gestionar la demanda y controlar los picos para reducir costos, y distingue esa tarea de la negociación del precio de la energía. Al comparar propuestas, será necesario identificar qué cubre cada oferta y qué cargos se facturarán por separado.
QUÉ CAMBIA PARA LAS ESTACIONES QUE TIENEN PANELES SOLARES
Dapelo introduce otra variable que puede incidir en la decisión: la compatibilidad con el régimen de generación distribuida. Según advierte, un usuario de distribuidora que pasa a GUMe pierde la posibilidad de mantenerse como usuario generador bajo la Ley 27.424, cuestión por la cual CADER presentó un reclamo ante la Secretaría de Energía.
“No significa que no pueda instalar paneles solares, sino que no puede inyectar a la red”, explica al describir las consecuencias de ese cambio dentro del régimen. El autoconsumo continúa siendo una alternativa, pero el tratamiento de los excedentes debe contemplarse al evaluar la contratación.
Para una estación que ya invirtió en energía solar o proyecta hacerlo, este aspecto obliga a estudiar ambas decisiones en conjunto. Dapelo señala que el pedido de CADER busca que los usuarios puedan conservar los beneficios de la generación distribuida independientemente de su categoría, dentro del límite de potencia correspondiente.
La evaluación también cambia según la actividad de cada establecimiento. Una estación de una localidad turística puede concentrar su demanda en vacaciones, mientras que otra mantiene una operación más uniforme durante el año. Dapelo destaca, además, que una empresa con varias bocas puede negociar un paquete de energía en condiciones diferentes de las que obtiene un operador con un único punto.

Espeche coincide en la posibilidad de negociar conjuntamente y agrega que cada suministro debe evaluarse por separado para su ingreso. También recomienda revisar los costos de medición, las garantías, la gestión administrativa y las condiciones de permanencia y salida antes de avanzar.
Entre las cláusulas que propone examinar se encuentran los compromisos de entrega del generador. Según advierte, ciertos contratos pueden dejar al comprador expuesto a adquirir energía en el mercado spot cuando la central no entrega, precisamente en períodos de precios elevados. A ello se suma la moneda del acuerdo, dado que los compromisos suelen expresarse en dólares mientras la estación obtiene sus ingresos en pesos.
Para Dapelo, esas diferencias impiden trasladar automáticamente la experiencia de una empresa a otra: “No es una decisión sencilla de tomar o que me puedo copiar de la empresa del vecino”. La revisión del contrato debe contemplar cuánto consume cada estación, cuándo lo hace y qué ocurriría con sus costos si cambia la demanda o baja el precio de mercado durante la vigencia del acuerdo.
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