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Daniel Dreizzen, Managing Director de Aleph Energy y exsecretario de Planeamiento Energético, vinculó la evolución de los despachos con el bajo dinamismo de la economía. ¿Qué sucederá con la expansión de las nuevas tecnologías?
El dato de un mes puede mostrar una caída, una recuperación o simplemente un movimiento puntual. Pero cuando se amplía la mirada, aparece otra realidad: la demanda de combustibles lleva años prácticamente sin crecer. Daniel Dreizzen, Managing Director de Aleph Energy y exsecretario de Planeamiento Energético, destacó esta tendencia al analizar el comportamiento del mercado.
Según explicó, el consumo de gasoil prácticamente no crece desde hace 15 años y las naftas se mantienen en niveles similares a los de hace una década. “Este fenómeno es un espejo de la economía nacional”, afirmó en diálogo con Surtidores.

La diferencia es importante porque una baja mensual puede tener distintas explicaciones. El nivel de actividad, la estacionalidad o algún factor puntual pueden hacer caer los litros en un determinado período. Pero cuando los volúmenes se mantienen casi sin cambios durante tantos años, el problema deja de ser coyuntural y pasa a mostrar una característica propia del mercado.
En el caso del gasoil, la relación con la actividad económica es particularmente directa. Transporte, producción y movimiento de mercaderías necesitan de este combustible, por lo que una recuperación sostenida de la economía podría traducirse en mayores despachos.
Las naftas presentan una dinámica similar, aunque vinculada principalmente con el consumo de los automovilistas. Y allí aparece otra particularidad argentina: los cambios en los precios tienen un impacto bastante menor sobre los volúmenes.
Para quienes necesitan trasladarse todos los días, trabajar o utilizar el automóvil como parte de su actividad, reemplazar rápidamente el combustible no resulta sencillo. Por eso, aunque los valores suban de manera importante, los litros pueden caer mucho menos.

Para las Estaciones de Servicio, esta característica tiene una lectura doble. Por un lado, la demanda demuestra una importante resistencia frente a los aumentos. Por otro, esa fortaleza no alcanza para generar crecimiento. El mercado puede absorber precios más altos sin perder demasiados litros y, al mismo tiempo, permanecer prácticamente en el mismo nivel durante años.
Por eso, mirar solamente el volumen total empieza a ser insuficiente. Si no crece demasiado, la pelea se traslada hacia la composición de las ventas. En ese punto, Dreizzen puso el foco en la diferencia entre grado 2 y grado 3, porque los cambios en la participación de cada producto pueden modificar el resultado de una estación incluso cuando el volumen total permanece estable.
A esto se suma un cambio que todavía es incipiente, pero que puede ganar importancia con el tiempo: la renovación del parque automotor. El especialista señaló que comienza a observarse una migración gradual hacia vehículos híbridos y eléctricos.

Por ahora, considera que el avance de estas tecnologías no tiene una magnitud suficiente como para explicar por sí solo el comportamiento de las naftas. Pero la tendencia está instalada y puede adquirir mayor peso a medida que se incorporen nuevas unidades y salgan de circulación los vehículos más antiguos.
“Todos los países, en general, tienen una correlación directa en la actividad económica y el gasoil, y el consumo de la gente y las naftas”, explicó Dreizzen. El problema es que Argentina viene de varios años en los que la economía tuvo dificultades para sostener un crecimiento continuo. Esa situación terminó trasladándose también al consumo de combustibles.
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