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La estrategia permitió dinamizar los fines de semana y generar mayor circulación en los días que presentaban bajos niveles de actividad. El servicio funcionó como complemento de la venta de combustibles.
Hubo un tiempo en que el lavadero formaba parte natural del paisaje de una Estación de Servicio. Con los años, muchos boxes quedaron detenidos, convertidos en metros cuadrados que el negocio miraba sin saber cómo volver a aprovechar. ¿Qué ocurre cuando uno de esos espacios se enciende nuevamente? En una experiencia reciente, no solo regresaron los autos: también aumentaron las cargas de combustible.
Una Estación de Servicio YPF que reactivó un antiguo sector de lavado elevó el 44 por ciento de los litros despachados durante los sábados y domingos. Lo interesante de la propuesta, principalmente, es que el crecimiento se da en jornadas que, antes de incorporar la prestación, se encontraban entre las de menor movimiento comercial.
El resultado apareció acompañado por un flujo cercano a los 100 lavados diarios. La máquina funciona prácticamente al límite de su capacidad en los momentos de mayor demanda, sin requerir una estructura independiente de trabajadores para sostener la operación.
“Previo al lavado eran días más tranquilos; post-lavadero se tornaron días mucho más activos, con colas de hasta 12 vehículos esperando para lavar”, describió Juan Enrique Cabrera, responsable comercial de Emona.

El efecto no termina cuando el vehículo abandona la máquina. En diálogo con Surtidores, el ejecutivo relató que el operador utilizó las cámaras del establecimiento para observar cómo parte de los usuarios también cargaba combustible, ingresaba a la tienda o contrataba prestaciones vinculadas con el mantenimiento del automóvil.
Esa circulación se refuerza mediante promociones cruzadas con YPF Boxes. Quienes contratan un servicio premium o full reciben un lavado sin cargo, mientras que los clientes del lavadero acceden a descuentos en el área de mantenimiento.
La comunicación digital también resultó determinante para acelerar la adopción. La Estación difundió el funcionamiento del equipo mediante Instagram e invitó a un creador de contenido a registrar el proceso completo, una acción que incrementó el conocimiento de un sistema todavía novedoso para parte de los automovilistas.
La autonomía constituye otro de los factores que explica el desempeño. “El cliente se autoatiende, lava el auto, sale y se lo aspira con un aspirador autoservicio”, puntualizó Cabrera. El operador puede supervisar la actividad sin gestionar turnos, recepcionar vehículos ni conformar un plantel dedicado exclusivamente al sector.
Por esa razón, la recuperación de boxes antiguos aparece como la vía más rápida para incorporar el negocio. Cuando el establecimiento conserva el espacio, los desagües y parte de las instalaciones anteriores, la intervención se concentra en retirar la maquinaria fuera de uso, realizar las adecuaciones necesarias y colocar el nuevo equipo.
El modelo todavía no alcanzó una expansión masiva dentro de las Estaciones de Servicio. Sin embargo, los primeros establecimientos operativos comenzaron a aportar datos reales que permiten contrastar las proyecciones financieras presentadas por los proveedores durante los últimos años.

EL RECUPERO DEPENDE DEL VOLUMEN Y DEL PUNTO DE PARTIDA
Los casos con mayor movimiento consiguieron amortizar la inversión antes del plazo estimado inicialmente. “Ese período estuvo cerca de los diez meses, entre nueve y diez meses, con un promedio de 80 lavados diarios”, afirmó el representante de Emona.
La amplitud horaria favorece ese resultado. A diferencia de los lavaderos independientes, las Estaciones de Servicio pueden extender la atención e incluso mantener disponible la máquina durante las 24 horas, siempre que la organización del predio y las condiciones operativas lo permitan.
No obstante, la demanda necesita un período de maduración. Cabrera explicó que tres instalaciones de Entre Ríos comenzaron con volúmenes inferiores a los previstos, pero lograron superar los 1.200 lavados mensuales después de cinco o seis meses, a medida que los usuarios incorporaron la rapidez del sistema a sus hábitos.
El ticket promedio ronda actualmente los 15.000 pesos, aunque varía según la zona, el programa seleccionado y los descuentos aplicados. Sobre ese importe, los productos químicos y demás insumos consumidos directamente por la máquina representan entre 800 y 900 pesos por vehículo.
Al sumar agua, electricidad y una proporción de la mano de obra compartida con otras tareas, el costo operativo total se mantiene por debajo de los 2.000 pesos. La diferencia bruta alcanza así unos 13.000 pesos por servicio antes de descontar impuestos, amortización, obra civil, promociones y otros gastos particulares de cada establecimiento.
Con 1.200 operaciones mensuales sostenidas durante once meses, la facturación acumulada se aproximaría a los 198 millones de pesos. Ese cálculo representa ingresos brutos y no una ganancia definitiva, pero permite dimensionar el volumen necesario para cubrir el desembolso inicial.
Un equipo requiere una inversión de referencia cercana a los 85.000 dólares. El monto final puede aumentar cuando el proyecto exige construir el box, modificar desagües o realizar otras adecuaciones civiles.
La vida útil estimada se extiende entre diez y quince años. En consecuencia, el resultado financiero no depende únicamente de recuperar el capital durante el primer ejercicio, sino también de sostener el nivel de actividad y distribuir la amortización a lo largo de toda la operación.
La reducción del componente laboral ya muestra resultados en otros segmentos. Concesionarias y empresas logísticas que antes utilizaban entre ocho y diez lavadores comenzaron a procesar una cantidad mayor de vehículos con equipos operados por aproximadamente dos personas, una referencia que respalda el bajo costo del sistema aunque responda a una dinámica diferente de la estacionera.

LA APUESTA POR EL SECTOR ESTACIONERO
Emona completó su traslado y ya funciona plenamente en su nueva planta. La ampliación está acompañada por la digitalización del servicio técnico y del seguimiento individual de las máquinas instaladas.
Los clientes pueden iniciar una solicitud mediante WhatsApp, completar un formulario y adjuntar fotografías o videos de la falla. El técnico recibe la información, genera una orden digital, identifica los repuestos necesarios y programa la intervención.
El sistema también permite solicitar productos químicos directamente al canal comercial. Además, el registro acumulado por cada máquina comienza a utilizarse para anticipar mantenimientos, como el reemplazo de los cepillos al aproximarse a los 50.000 lavados.
La automatización del pago será el próximo paso. La empresa trabaja con un cliente que prevé inaugurar entre septiembre y octubre una solución adaptada a las restricciones que todavía presentan algunos medios disponibles en la Argentina.
Esa apertura permitirá comprobar si el lavadero puede completar todo el recorrido sin intervención de la caja. Si la experiencia funciona, los boxes que alguna vez quedaron como recuerdo de un servicio en retirada podrán regresar convertidos en unidades medibles, conectadas y disponibles durante toda la jornada.
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