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La posible instalación de cargadores rápidos en la red de YPF abre expectativas entre operadores, pero también plantea interrogantes sobre inversión, conectores, interoperabilidad y el rol que tendrán las estaciones en el nuevo negocio multienergético.
El anuncio entre YPF y Tesla todavía tiene más preguntas que definiciones, pero dejó una señal difícil de ignorar para los operadores: aún en un escenario de movilidad eléctrica, las Estaciones de Servicio seguirán siendo puntos centrales de ruta, abastecimiento y permanencia.
Los corredores mencionados por el presidente de la compañía, Horacio Marín, -Buenos Aires hacia Mar del Plata, Rosario, Santa Fe, Córdoba y Mendoza, con continuidad hacia Chile desde la provincia cuyana- anticipan dónde podría empezar a concentrarse la demanda. Para los ubicados sobre esos trayectos, la carga rápida puede convertirse en una nueva razón de parada, con impacto sobre tienda, gastronomía, sanitarios, descanso y consumo durante la espera.

En este sentido, Martín Capó, especialista en el área, remarcó en diálogo con Surtidores que la electromovilidad deja de aparecer como una hipótesis lejana o como una apuesta aislada de algunos. En su mirada, el movimiento responde al crecimiento de nuevos actores en el mercado automotor eléctrico y a la necesidad de no quedar rezagada frente a un proceso que empieza a acelerarse.
Asimismo, lo vincula como una estrategia de YPF para tomar la delantera frente a la compra de los activos de Raízen Argentina por Mercuria Energy Group, vinculada a los empresarios locales Vila-Manzano (titulares de Edenor, Edemsa, Edelar). Para el especialista, ambos casos muestran una tendencia similar: los activos de combustibles y electricidad empiezan a converger en los puntos donde se concentra la demanda, y las Estaciones de Servicio pasan a ser vistas como plataformas territoriales para nuevos negocios energéticos.
Sin embargo, para los dueños de las Estaciones de Servicio también se abren interrogantes sobre inversión, facturación, potencia disponible, interoperabilidad y el lugar que ocuparán dentro del nuevo negocio multienergético. Varios reconocen que todavía falta información sobre plazos, ubicaciones, condiciones comerciales y modos de comercialización.

En ese último punto, Capó advirtió que una de las principales incógnitas será cómo se estructure el mercado. A diferencia del despacho tradicional, la carga eléctrica permite modelos más flexibles, donde pueden convivir inversiones de petroleras, estacioneros independientes, fabricantes de vehículos, proveedores tecnológicos o firmas especializadas en operación de puntos de carga. “Hay mucha tela por cortar en quién invierte, quién es dueño de un equipo y cómo será la facturación”, aclaró y detalló que el software, como capa superior de la infraestructura, permite que distintos actores puedan instalar cargadores, gestionar servicios y facturar de manera más descentralizada.
Ese cambio utilizar otra lógica. La estación ya no competiría únicamente por volumen de litros, sino también por disponibilidad energética, ubicación, servicios, experiencia de espera y capacidad para integrarse a redes digitales de carga. “Aquellos que sean lo suficientemente rápidos e inteligentes para posicionarse, probablemente puedan salir airosos y beneficiados; mientras que, quienes permanezcan en modo negación, en un momento se van a dar cuenta de que las ventas de combustible líquido cayeron por debajo del punto de equilibrio”, advirtió.
La referencia no apunta a un reemplazo inmediato de lo conocido. El propio especialista describió que no se trata de un cambio de tres o seis meses, sino de una trayectoria que podría consolidarse en “un plazo de 24, 36, 48 meses o más”.
También aparecen interrogantes técnicos como el mencionado por Roberto Stazzoni, responsable del segmento de electromovilidad de ABB, quien señaló a Surtidores que Tesla “es un referente”, pero que será necesario conocer más detalles sobre los conectores que utilizaría la compañía, la integración digital con redes existentes y la compatibilidad con la red local de distribución eléctrica.
El punto no es menor para las Estaciones de Servicio, ya que una red de carga rápida necesita disponibilidad de potencia, conexión eléctrica adecuada y herramientas que simplifiquen la experiencia del usuario. De lo contrario, el despliegue puede perder eficiencia y afectar la adopción.

No obstante, Capó relativizó que el estándar de carga sea el principal obstáculo, reivindicó el uso de adaptadores y destacó el trabajo de diversificación que está haciendo la compañía de Elon Musk en Europa incorporando diferentes enchufes; aunque reconoció que habrá que seguir de cerca el tema. A lo que sí remarcó que se le debe prestar atención es a la potencia disponible, la inversión eléctrica y la capacidad de desplegar infraestructura en ubicaciones relevantes.
En ese marco, el almacenamiento energético aparece como una pieza complementaria del acuerdo; ya que, para las estaciones, las baterías pueden ser una herramienta para administrar picos de demanda, mejorar la disponibilidad de carga rápida y reducir limitaciones en zonas donde la red eléctrica no esté preparada para altos consumos simultáneos.
Por ahora, el acuerdo entre YPF y Tesla no define inversiones, plazos ni ubicaciones. Pero sí introduce una señal para el mercado estacionero: la infraestructura de carga dejó de ser una conversación marginal y empieza a formar parte de las decisiones de las compañías que controlan activos energéticos, redes territoriales y vínculos con los usuarios de movilidad.
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