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Se aplica desde el 1° de enero de 2026. Se suma al ajuste de la energía eléctrica -fundamental para la compresión- y los aumentos laborales.
La reciente actualización de las tarifas de transporte y distribución del gas natural volvió a poner en foco el impacto que los cambios regulatorios y tarifarios tienen sobre el negocio del Gas Natural Comprimido. Aunque el ajuste no siempre se traduce de manera inmediata y lineal al precio final en el surtidor, sí incide de forma directa en los costos que enfrentan las Estaciones de Servicio.
De acuerdo con el análisis de Luis Navas, consultor energético y especialista en GNC, la última recomposición tarifaria tuvo un efecto concreto y medible. “Tuvo un impacto en el costo de 2 pesos por metro cúbico a partir del 1 de enero de 2026 en el AMBA, pero en el interior del país un poco más”, señaló en diálogo con Surtidores. La cifra surge exclusivamente de la actualización de los componentes regulados de transporte y distribución, que forman parte de la factura de gas que pagan las estaciones para abastecer sus equipos de compresión.

El precio del GNC que llega al surtidor se compone de varios factores. Al valor del gas en el punto de ingreso al sistema se le suman los cargos por transporte y distribución, además de impuestos, costos eléctricos, operación, mantenimiento y el margen comercial de la estación. Dentro de esa estructura, las tarifas reguladas tienen un peso significativo, especialmente para las bocas de expendio que operan como grandes usuarios del sistema.
La actualización tarifaria aplicada desde comienzos de 2026 se inscribe en el proceso de recomposición de ingresos de las empresas transportistas y distribuidoras, luego de años de atraso relativo frente a la inflación y a la evolución de los costos operativos. Sin embargo, ese reordenamiento tiene efectos en cadena. Para las estaciones de GNC, el incremento implica un encarecimiento directo del insumo básico, que se suma a un contexto de costos ya exigente.
En muchos casos, las estaciones enfrentan el dilema de absorber parcialmente el aumento o trasladarlo al precio final. La decisión no es homogénea y depende de múltiples variables: nivel de ventas, competencia en la zona, estructura de costos propia y elasticidad de la demanda. El GNC sigue siendo el combustible más económico para los usuarios, pero su competitividad también se ve condicionada por la evolución de los precios relativos frente a las naftas.

Desde el punto de vista del sector, el impacto del ajuste tarifario vuelve a poner en discusión la necesidad de previsibilidad. Si bien el aumento de 2 pesos por metro cúbico puede parecer acotado en términos absolutos, cobra relevancia cuando se lo multiplica por los volúmenes diarios que despachan las estaciones, afectando márgenes que en muchos casos ya son estrechos. Además, el costo del gas no es el único que presiona: la energía eléctrica, fundamental para la compresión, y los costos laborales completan un escenario complejo.
El efecto de la actualización de transporte y distribución también se proyecta a futuro. Así lo entiende Navas quien concluyó que “en la medida en que continúe el proceso de normalización tarifaria del sistema gasífero, el GNC seguirá expuesto a nuevos ajustes en su estructura de costos”.
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