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Entre salarios, previsiones y contribuciones patronales, el personal ocupa el 80 por ciento del cuadro de costos de una estación de servicio. Los impuestos y los gastos de mantenimiento se llevan la mayor parte del resto. Advierten una fuerte expansión de los egresos
Mantener una estación de servicio se ha transformado en una tarea abrumadora. A una rentabilidad cada vez estrecha se le contraponen costos que crecen sin cesar, en un contexto agravado por un escenario de precios estáticos que impiden el desarrollo de -al menos- el caudal financiero de la actividad.
Para poder sostener los negocios, los estacioneros como cualquier empresario- apelan al recorte de los gastos aunque en muchos casos no se sobreponen ni llevándolos a su mínima expresión. Es que el rubro de los combustibles debe reportar un sinnúmero de obligaciones normativas inevitables, que a pesar de no ser tan costosas, le restan margen de maniobra.
El cuadro de egresos está signado por una variable ineludible: el sueldo del personal. Entre salarios, previsiones y contribuciones patronales, la planta laboral ocupa el 80 por ciento de la grilla de costos de una estación de servicio, según analizan los estudios de rentabilidad que efectúan asiduamente las entidades del sector.
El rubro comprende una plantilla de 10 trabajadores con una antigüedad promedio de 10 años y con todos sus adicionales, incluidos el período vacacional, los reemplazos, el SAC, las contribuciones patronales, la cuota sindical y la ART. También cuentan los uniformes, una obligación que también suma, o resta, según como se la mire.
Una ecuación que cuantifica el deterioro del beneficio que perciben los operadores es el aumento de la cantidad de litros en relación al sueldo. Mientras en 2010 se necesitaban
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