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La diferencia percibida en una carga de combustible volvió a poner bajo análisis la operatoria de islas con baja rotación. Aunque la calibración estaba dentro de los parámetros técnicos, la omisión de una purga previa y el reclamo del cliente abrieron interrogantes sobre procedimientos y capacitación en las Estaciones de Servicio.
Un episodio reciente en una Estación de Servicio volvió a exponer cómo un detalle operativo puede impactar de lleno en la confianza del cliente. El caso se originó a partir de la queja de un usuario que manifestó haber recibido menos combustible del abonado durante una carga, una situación que rápidamente generó cuestionamientos sobre el funcionamiento del surtidor.
Según relató el cliente, al comparar el monto pagado con la cantidad indicada en el visor del equipo, advirtió una diferencia que, a su entender, no se correspondía con el volumen efectivamente cargado en su vehículo. La percepción de ese desfasaje motivó el reclamo y activó una revisión técnica del equipo involucrado.

Desde la estación explicaron que la isla utilizada en esa operación tenía escasa rotación. Este punto resultó central para comprender lo ocurrido. Cuando un surtidor permanece inactivo durante períodos prolongados, puede generarse presencia de aire en el sistema. En esas circunstancias, los protocolos técnicos recomiendan realizar una purga previa para estabilizar el despacho antes de iniciar la carga al cliente.
De acuerdo con el testimonio del responsable del establecimiento, esa maniobra no se ejecutó correctamente en el momento de la atención, lo que habría derivado en la diferencia percibida por el usuario. El empresario descartó cualquier intencionalidad y sostuvo que se trató de un error operativo puntual vinculado a la omisión de ese procedimiento.
El eje de la controversia no estuvo en la calibración del surtidor. Técnicos habían verificado recientemente el correcto estado de los equipos y confirmado que los parámetros de medición se encontraban dentro de las tolerancias establecidas. Es decir, desde el punto de vista metrológico, el sistema funcionaba adecuadamente.
Este matiz es clave. En la operación diaria de una estación conviven dos dimensiones: la precisión técnica del equipo y la correcta ejecución de las prácticas por parte del personal. Aun cuando el surtidor esté calibrado conforme a norma, una maniobra incompleta o incorrecta puede generar situaciones que afecten la percepción del usuario.

Las islas de baja rotación representan un desafío habitual, especialmente en establecimientos con múltiples bocas de expendio o segmentación por productos. Si no se aplican rutinas de estabilización antes de retomar la actividad, pueden producirse variaciones en los primeros instantes del despacho que, aunque no impliquen una falla estructural, sí impactan en la experiencia del cliente.
Tras el episodio, el titular de la estación aseguró que se reforzaron las indicaciones internas al personal y se revisaron los protocolos asociados a surtidores poco utilizados. El objetivo es estandarizar la purga previa como paso obligatorio en esos casos y reducir al mínimo cualquier margen de error humano.
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