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Una disputa entre el Gobierno de Nigeria y los sindicatos por un aumento de más del doble en los precios de combustibles paralizaba el miércoles al país por tercer día consecutivo y ninguno de los bandos mostraba señales de ceder en sus posturas
Las calles de la capital comercial nigeriana, Lagos, se encontraban prácticamente desiertas, a excepción de jóvenes que instalaron barricadas para impedir el paso de vehículos, grupos de manifestantes y unos cuantos vendedores que intentaban trabajar pese a la paralización.
Los trabajadores decidieron que la huelga siguiera adelante indefinidamente, a menos que el Gobierno restaure los subsidios a los combustibles que eliminó el 1 de enero, pero las autoridades han dicho que podrían dejar sin salarios a los funcionarios civiles que se plegaron a la acción.
Bancos, restaurantes y tiendas estaban cerrados, una evidencia de que la huelga está perjudicando a la economía de un país donde la mayoría de personas vive con menos de 2 dólares diarios.
El Gobierno del presidente Goodluck Jonathan encara en la actualidad dos graves problemas de seguridad: la oposición al alza en los precios de la naftas que ocasionalmente se ha vuelto violenta y la campaña insurgente iniciada por el grupo militante Boko Haram.
Algunos economistas dicen que el subsidio de los combustibles habría llevado pronto a la bancarrota a la nación africana. Pero su eliminación duplicará con creces su precio a 150 nairas (0,73euros) por litro, privando a los nigerianos de lo que muchos consideran como el único beneficio por la venta de crudo.
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