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El último relevamiento de Pagos Minoristas del Banco Central confirma que las transferencias, los códigos QR y las billeteras virtuales dejaron de ser herramientas financieras para convertirse en hábitos cotidianos. En las Estaciones de Servicio, este proceso impacta de lleno en la forma de vender y fidelizar clientes.
Los datos publicados por el Banco Central de la República Argentina funcionan como una radiografía precisa de un fenómeno que ya se percibe con claridad en la calle, y particularmente en las Estaciones de Servicio. El sistema de pagos minoristas ingresó en una etapa de madurez que trasciende la innovación tecnológica y se consolida como un cambio cultural profundo en la relación de las personas con el dinero.
El volumen de 753 millones de transferencias realizadas en un solo mes confirma que esta modalidad dejó de ser un “rail” financiero para transformarse en la infraestructura cotidiana del dinero. Transferir, pagar y cobrar de manera digital ya no es una acción excepcional, sino una práctica diaria que atraviesa edades, niveles socioeconómicos y geografías.

En ese proceso, el código QR se consolidó como la interfaz estándar del sistema de pagos. Su simplicidad, interoperabilidad y adopción masiva lo convirtieron en el lenguaje común entre usuarios, comercios, bancos y fintech. Para las Estaciones de Servicio, esta transformación proyecta un 2026 con expectativas crecientes en materia de pagos electrónicos y billeteras virtuales, en un escenario de desregulación que empieza a redefinir la dinámica comercial del sector.
Lejos de tratarse de una moda pasajera, el avance de los medios digitales muestra señales claras de consolidación. Así lo explica Jorge Larravide, consultor y experto en sistemas de pago con QR, quien advierte que la tendencia no solo se mantendrá, sino que se profundizará. “Durante el año pasado se dio un crecimiento muy fuerte en el uso de medios de pago digitales y eso va a continuar siendo tendencia en 2026”, afirmó en diálogo con Surtidores.
Ese crecimiento permitió alcanzar un nivel de masificación inédito. El uso de billeteras virtuales y el escaneo de códigos QR dejó de estar limitado a grandes centros urbanos o a usuarios jóvenes. “Hoy ya no es algo que se use solamente en Buenos Aires o por personas con mayor acceso a la tecnología. Es algo realmente masivo”, explicó el especialista, en línea con los datos del BCRA que muestran una adopción transversal en todo el país.
En este contexto, las aplicaciones propias de las petroleras se consolidaron como una herramienta central dentro del sistema de pagos. YPF, Shell Axion, Puma y otras marcas lograron una fuerte adopción de sus plataformas digitales, que combinan facilidad de uso, promociones y programas de fidelización. “Funcionan muy bien y la gente se acostumbró a usarlas”, destacó Larravide, subrayando que hoy forman parte natural del proceso de carga de combustible.
En paralelo, el rol de las billeteras digitales y bancarias se volvió decisivo en la elección del consumidor. Con ingresos ajustados y un alto nivel de sensibilidad al precio, los usuarios priorizan promociones y descuentos. Las combinaciones entre bancos, billeteras como Modo y días específicos con rebajas en Estaciones de Servicio se integraron al hábito cotidiano de cargar combustible, transformando la decisión de compra en un ejercicio de cálculo previo.
A este escenario se suman los programas de fidelización, que adquirieron una relevancia estratégica. Sistemas de puntos, canjes por descuentos en dinero o productos, campañas estacionales, premios y beneficios asociados a eventos deportivos refuerzan la propuesta comercial de las marcas. El objetivo es claro: retener a un cliente cada vez más informado, comparador y atento a las oportunidades.
La experiencia del usuario es otro de los ejes que explica el crecimiento de los pagos digitales. Pagar desde el auto mediante un código QR, sin necesidad de bajar del vehículo ni manipular efectivo o tarjetas, ya es una práctica habitual en muchas estaciones. A esto se suma el avance del autodespacho de combustible, donde el cliente se carga y paga de manera completamente digital, accediendo incluso a un precio por litro más bajo.
En este punto, el informe del BCRA aporta un dato revelador: 96 millones de pagos registrados y un crecimiento interanual del 47 por ciento muestran que cuando la experiencia resulta simple, rápida y confiable, el cambio se acelera.
La seguridad, históricamente uno de los principales frenos a la adopción de pagos electrónicos también dejó de ser un obstáculo. El uso extendido de biometría, como la huella dactilar o el reconocimiento facial, terminó de naturalizar estas operaciones. “La gente se acostumbró tanto a la digitalización que hoy estos sistemas son parte de la vida cotidiana”, señaló Larravide, reflejando una percepción que coincide con los indicadores oficiales.
Otro aspecto central que destaca el informe es la interoperabilidad plena del sistema. La convivencia entre CBU y CVU, que se reparten casi en partes iguales los pagos y cobros, da cuenta de un ecosistema sólido y en expansión. Actualmente operan en red 84 billeteras y 208 proveedores de servicios de pago, una infraestructura que garantiza competencia, innovación y capilaridad.
En este entramado, el efectivo sigue presente, pero perdió protagonismo. Continúa siendo relevante para determinados segmentos y situaciones, aunque ya no ocupa el centro de la escena. En contrapartida, el dinero digital o dinero en cuenta gana uso y preferencia en la vida cotidiana, superando lo meramente transaccional para posicionarse también como una herramienta de ahorro.

El dato es contundente: 6,2 billones de pesos invertidos en dinero digital representan el 6,6 por ciento de los depósitos privados, marcando un cambio estructural en el uso del saldo disponible. El dinero que antes se retiraba rápidamente en efectivo ahora permanece en cuentas digitales, generando rendimientos y alimentando un circuito financiero más dinámico.
“Más allá de que pueda haber consumidores fidelizados con una marca o una petrolera, hoy la gente elige precio y descuento”, concluyó Larravide. “Todo lo que tenga que ver con mejores condiciones para pagar con billeteras digitales termina definiendo dónde cargar combustible”, subrayó.
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