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La exsecretaria de Energía señaló que el crecimiento del transporte y la circulación de proveedores y trabajadores en nuevas zonas de alta explotación están impulsando la demanda de combustible. ¿Dónde aparecen las posibilidades comerciales?
Para una Estación de Servicio, la oportunidad de vender más no siempre depende de conseguir un gran cliente. También puede aparecer cuando una ruta empieza a tener más tránsito, los transportistas suman viajes y los proveedores necesitan moverse con mayor frecuencia. Detrás de ese movimiento hay vehículos que deben cargar combustible y personas que buscan un lugar donde parar.
Ese es uno de los efectos que destacó Flavia Royón en diálogo con Surtidores. La senadora nacional por Salta y presidenta de la Comisión de Minería, Energía y Combustibles puso el foco en la actividad que generan los proyectos mineros más allá de las explotaciones y en las oportunidades que ese movimiento abre para los expendedores.

“Una cosa es el combustible específico para mineras, para generadores por ejemplo, y otra la logística y el movimiento que generan”, explicó.
La diferencia resulta clave para entender dónde puede estar el negocio. Una compañía necesita combustible para sus equipos, pero también requiere recibir materiales, trasladar trabajadores y contratar servicios. Cada una de esas tareas pone en circulación camiones, utilitarios y otros vehículos que conectan los proyectos con las ciudades y las localidades cercanas.
Es en ese recorrido donde las Estaciones de Servicio pueden encontrar una demanda adicional. La posibilidad no se limita a abastecer directamente a la empresa que lleva adelante la explotación. También implica atender a quienes trabajan alrededor de ella y necesitan cargar para continuar su viaje.
Royón señaló que las compras de combustible destinadas a las operaciones internas se realizan por canales específicos, directamente a petroleras o distribuidores. “Entiendo que va por otro canal la venta a las mineras”, expresó.
Por eso, al analizar las posibilidades para las estaciones, concentró su mirada en el transporte y los servicios asociados. El combustible que utiliza un equipo dentro de un proyecto y el que carga un proveedor para llegar hasta allí responden a necesidades distintas. Para el estacionero, conocer esa diferencia ayuda a identificar a qué clientes puede acercarles una propuesta.
La lectura coincide con lo que vienen planteando expendedores de provincias donde avanzan estos emprendimientos. El impacto comercial también se hace sentir en las rutas, en las empresas y en las localidades que reciben trabajadores o amplían su actividad.
En las zonas vinculadas con el litio, por ejemplo, empresarios del sector ya habían señalado oportunidades para abastecer gasoil a granel al transporte y a los servicios que operan alrededor de las explotaciones. A eso se suma el consumo de quienes se trasladan por trabajo y el movimiento cotidiano que puede generar el crecimiento de las poblaciones cercanas.

La ubicación es una ventaja, pero entender el movimiento permite aprovecharla mejor. Un transportista que circula todas las semanas, un contratista que incorpora vehículos o un proveedor que aumenta sus entregas pueden convertirse en clientes habituales. El desafío consiste en detectar esas necesidades y construir una relación que se sostenga en el tiempo.
También hay un efecto sobre el consumo local. Cuando aumenta el empleo y se expande la actividad de una zona, crecen los motivos para trasladarse. Ese movimiento puede traducirse en nuevas cargas de combustible y en una mayor utilización de los servicios que ofrecen las estaciones.
“La venta de combustible siempre tiene una correlación con el nivel de actividad. Y la minería genera mayor actividad directa e indirectamente”, subrayó Royón.
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