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Mientras los precios internacionales del crudo alcanzan niveles récord, el sector se prepara para los ajustes que traerán la inevitable caída futura y sus efectos sobre los surtidores.
El fuerte incremento del petróleo a nivel global ya dejó de ser una señal lejana para convertirse en un factor concreto dentro del negocio de los combustibles. En la Argentina, donde las pizarras de las Estaciones de Servicio siguen de cerca las referencias externas, los expendedores comienzan a sentir el impacto en sus costos, en las decisiones comerciales y en el comportamiento de los clientes.
En diálogo con Surtidores, el exsecretario de Energía, Jorge Lapeña, describió la magnitud del fenómeno: el WTI pasó de 60 a casi 100 dólares en pocas semanas, con un incremento cercano al 40 por ciento, mientras el Brent también se ubica en niveles elevados. El conflicto en Medio Oriente y el bloqueo del Estrecho de Ormuz -por donde circula cerca del 25 por ciento del petróleo mundial- explican el salto.

“El aumento del petróleo y del gas genera un proceso inflacionario global porque impacta en todos los surtidores del mundo”, señaló Lapeña. Y advirtió que, aun siendo productor, el país no queda al margen: si el precio interno se alinea con el internacional, el traslado a los combustibles será inevitable.
“Si el petróleo vale 100 dólares en el mundo, el exportador argentino va a querer ese precio”, explicó. En ese caso, el costo de refinación se ajusta a ese valor y termina reflejándose en las pizarras.
Las consecuencias para las estaciones son conocidas: subas, menor consumo y presión sobre la rentabilidad. Cada ajuste repercute en el volumen vendido, sobre todo en los productos de mayor valor, y obliga a recalcular márgenes en un negocio de equilibrio delicado.
A este diagnóstico se suma la mirada del también exsecretario de Energía, Daniel Montamat, quien advirtió sobre la fuerte volatilidad del mercado internacional. “El barril sube a 116 y baja a 106 según las expectativas del conflicto en el Golfo y lo que pase con el Estrecho de Ormuz”, explicó a este medio.
Montamat sostuvo que en la Argentina ya se están tomando esas referencias externas. “Las refinadoras no integradas están pagando paridad de exportación. El problema es que los combustibles no están todavía ajustados en el surtidor a esos valores”, indicó.
Según sus estimaciones, cuando el barril promediaba entre 87 y 88 dólares, las naftas estaban un 6 por ciento por debajo de la paridad de importación y el gasoil un 16 por ciento. “Si se mantienen estos precios, es inevitable que haya nuevos reajustes”, afirmó.
En ese punto, coincidió con lo expresado por el presidente de YPF, Horacio Marín respecto a una aplicación gradual de los aumentos. “YPF los va a ir amortiguando. Habrá que ver qué hacen las demás comercializadoras”, agregó.
Desde otra perspectiva, como presidente del Instituto de la Energía General Mosconi, Lapeña remarcó que el desenlace local dependerá de las decisiones oficiales. Planteó que existen herramientas para priorizar el abastecimiento interno y evitar que los precios sigan automáticamente al mercado externo.

El objetivo es garantizar que el mercado argentino cuente con una oferta suficiente de petróleo y evitar restricciones que podrían surgir si se priorizaran exportaciones masivas a precios internacionales elevados, que luego terminen fijando un costo base más alto para la producción de naftas. “No se trata de una medida con fines recaudatorios, sino transitoria mientras se extienda el conflicto. La propuesta apunta a sostener el abastecimiento local en condiciones competitivas entre los productores, sin vocación de permanencia ni de generar ingresos fiscales adicionales para el Estado”, aclaró.
No obstante, ambos expertos coinciden en que, mientras el crudo se mantenga en niveles elevados, los surtidores seguirán bajo presión: habrá nuevos ajustes en los precios, menor volumen de ventas y una rentabilidad cada vez más exigida. La posibilidad de una normalización, como deslizó Marín hace unos días, “cuando baje el petróleo todo volverá a la normalidad”, dependerá de que el barril retroceda y se estabilice el mercado internacional.
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