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Pablo Díaz Gómez de Enterría, CEO de Vivestar, sostuvo que las empresas uruguayas pueden aprovechar la transformación energética brasileña para exportar conocimiento, desarrollar tecnología y participar en nuevas cadenas de valor.
La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil abre una nueva etapa para la política energética de la mayor economía de América Latina y genera preguntas sobre las oportunidades que pueden surgir para Uruguay.
“Brasil tiene escala, mercado, industria y capacidad de inversión. Uruguay puede aportar conocimiento, profesionales especializados, agilidad e instituciones capaces de acompañar procesos de innovación”, afirmó a Surtidores, Pablo Díaz Gómez de Enterría, CEO de Vivestar.
La victoria de Lula permite esperar que Brasil mantenga su apuesta por las fuentes renovables y las nuevas tecnologías, pero Díaz consideró que el resultado electoral debe analizarse en un marco más amplio, marcado por los cambios de prioridades entre las principales economías.
“Los resultados permiten esperar que Brasil mantenga el desarrollo de las renovables, los nuevos combustibles y las tecnologías de bajas emisiones entre sus prioridades. Sin embargo, esa orientación deberá medirse por decisiones concretas, inversiones, competitividad y resultados, sin desconocer el peso que también tienen el petróleo y el gas en la economía brasileña”, señaló.
El ejecutivo advirtió que las políticas energéticas requieren horizontes más extensos que los ciclos electorales. Las inversiones en infraestructura, la investigación y la construcción de nuevas industrias necesitan continuidad para consolidarse, por lo que los cambios de gobierno pueden introducir incertidumbre en procesos que llevan años o décadas.

PETRÓLEO, GAS Y NUEVAS TECNOLOGÍAS
La continuidad del gobierno brasileño no supone abandonar los recursos de petróleo y gas, que siguen teniendo peso en su economía. “El petróleo y el gas continuarán desempeñando un papel importante, pero eso no significa que debamos postergar el desarrollo de las alternativas que permitirán construir una nueva economía energética”, afirmó.
El CEO de Vivestar consideró que Brasil puede utilizar los recursos obtenidos de la explotación de hidrocarburos para financiar nuevas capacidades productivas. El desafío consiste en evitar que las inversiones y las infraestructuras existentes terminen condicionando la incorporación de otras soluciones.
En ese sentido, planteó que algunas alternativas energéticas podrían estar más cerca de la viabilidad económica de lo que habitualmente se supone. “La transición energética no consiste en desconocer las infraestructuras que tenemos, sino en evitar que esas infraestructuras terminen condicionando las oportunidades que podemos construir”, relató.
QUÉ PUEDE VENDER URUGUAY AL MERCADO BRASILEÑO
Díaz consideró que Uruguay no necesita competir con las grandes industrias brasileñas en volumen para encontrar oportunidades de negocio. Su propuesta consiste en especializarse en actividades que aporten valor a proyectos de mayor escala y puedan comercializarse dentro y fuera de la región.
Entre las posibilidades mencionó la exportación de ingeniería, automatización, seguridad, integración tecnológica y otros servicios especializados. Esas actividades pueden abrir espacio para ingenieros, técnicos, investigadores y pequeñas empresas que cuenten con conocimientos específicos.
“Podemos recorrer el camino inverso: ofrecer a las empresas brasileñas espacios para desarrollar, probar y validar soluciones en condiciones controladas, con acompañamiento técnico, antes de llevarlas a aplicaciones de mayor escala”, explicó.
Las experiencias de integración y demostración de tecnologías de hidrógeno que ya existen en el país forman parte de las capacidades sobre las que podría construirse esa relación. Díaz también destacó el papel de las instituciones educativas y tecnológicas, entre ellas la Universidad Tecnológica, por su presencia en el interior y sus vínculos académicos y profesionales con Brasil.
“Me parece que debemos comenzar a pensar la integración regional también desde las personas y el conocimiento. Muchas veces las relaciones más duraderas entre países nacen de profesionales, universidades y empresas que aprenden a trabajar juntos”, argumentó Díaz.

EL FINANCIAMIENTO Y LAS TRABAS PARA OPERAR EN BRASIL
Para que esas oportunidades se conviertan en negocios, Uruguay deberá resolver obstáculos que afectan especialmente a las pequeñas y medianas empresas. Díaz advirtió que muchas compañías no cuentan con recursos suficientes para sostener procesos de innovación prolongados sin obtener ingresos durante su desarrollo.
Por eso, consideró necesario facilitar el financiamiento, fortalecer los vínculos entre empresas y centros tecnológicos y generar demanda para las soluciones desarrolladas localmente.
El paso del prototipo a la actividad comercial constituye uno de los principales desafíos. Una solución puede demostrar su viabilidad técnica, pero necesita clientes dispuestos a incorporarla y condiciones que permitan sostener su desarrollo.
A esa dificultad se agregan las barreras administrativas y regulatorias para prestar servicios en Brasil. El ejecutivo propuso avanzar en la simplificación de trámites, el reconocimiento de certificaciones y habilitaciones cuando corresponda, la cooperación entre centros tecnológicos y la contratación transfronteriza de servicios profesionales.
Brasil cuenta con ventajas para atraer grandes inversiones y desarrollar industrias de escala. Uruguay, en cambio, puede ofrecer espacios de experimentación e integración tecnológica. Para Díaz, esas diferencias pueden complementarse, siempre que existan mecanismos que permitan a las empresas nacionales acceder efectivamente al mercado vecino.
“No necesitamos competir con Brasil en tamaño. Necesitamos construir una relación en la que ambos países puedan crecer aprovechando sus diferencias”, concluyó Díaz.
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