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Durante los días en que las estaciones de servicio de bandera no consiguen hacerse de producto por falta de entregas de sus proveedores, las bocas de expendio blancas sufren la escasez con una intensidad mucho mayor ya que las distribuidoras no cuentan con stock para responder a su demanda. Aseguran que ni pagando sobreprecios consiguen combustibles
Las bocas de expendio blancas siguen siendo las más preocupadas por los faltantes de combustibles que afectan al mercado interno. Teniendo en cuenta que ni las petroleras tienen la posibilidad de responder a las necesidades de los operadores, las blancas permanecen a la espera de que un distribuidor mayorista pueda alcanzarle aunque sea algunos litros para sostener las pocas ventas.
Estamos desabastecidas ciento por ciento, advirtió Mario Ballesteros, un operador independiente. Según contó el empresario, durante los tiempos en que se agrava el problema ha intentado pagar sobreprecios para hacerse de stock en su estación de servicio, pero ni así ha podido llenar el tanque para poder trabajar. Las blancas no encuentran producto ni en las peores condiciones, lamentó.
De esta manera, el expendedor no ve un futuro próspero en la actividad. Pensando que no se incrementan los cupos de importación porque las empresas no lo consideran rentable, y como los déficit productivos son cada vez más profundos, Ballesteros alertó que con este escenario las pocas blancas que existen, en algunos meses van desaparecer.
Los distribuidores mayoristas también sufren las consecuencias de la escasez y no tienen reservas para vendernos, describió así la situación de sus proveedores. No hay futuro para las blancas, manifestó con desesperación el operador independiente.
Mientras las estaciones sin bandera no reciben combustibles por varios días, las de red en muchos casos mantienen los volúmenes de ventas, aunque expendan el combustible en pocas horas. Según Ballesteros, lo más desesperanzador para la actividad es la falta de acción de los sucesivos gobiernos ante una temática tan sensible.
Así las cosas, el cierre de 3000 estaciones de servicio en tan solo una década y el fuerte proceso de concentración de la oferta parece, más que un resultado indirecto, una búsqueda oscura e incesante que por medio de la no intervención del Estado asegura el beneficio de unos pocos y la muerte de muchos.
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