Activar/Desactivar Leer Página
Alertan por demoras cada vez más frecuentes en cancelaciones, mayores costos financieros y una liquidez que se vuelve más frágil.
La economía cotidiana volvió a golpear la puerta de las Estaciones de Servicio. Esta vez no se trata de una caída abrupta en las ventas ni de un problema de abastecimiento, sino de algo más silencioso y persistente: el corrimiento de los plazos de pago y el aumento de la morosidad. Así lo expresó el presidente de la Cámara de Estaciones de Servicio de San Luis, José Gianello, en diálogo con Surtidores, al advertir que cualquier desbarajuste económico o financiero repercute de manera directa en el sector.
“Todo lo que pasa en la economía diaria nos impacta. Cuando se atrasan los pagos en las empresas, cuando se complica el crédito o cuando aumenta la morosidad bancaria, eso se traslada automáticamente a nuestras cuentas corrientes”, explicó el dirigente.

El fenómeno no es aislado. En 2025, los indicadores financieros registraron un incremento récord en la morosidad de préstamos personales y tarjetas de crédito. Datos difundidos por el Banco Central de la República Argentina reflejan que los niveles de atraso en el pago de créditos al consumo alcanzaron los valores más altos de los últimos años, impulsados por la caída del poder adquisitivo y el encarecimiento del financiamiento durante gran parte del período.
Ese escenario macroeconómico encuentra un correlato directo en las estaciones. Gianello describió una postal que se repite cada vez con mayor frecuencia: pedidos para extender plazos, cheques que no se acreditan y una rotación de capital cada vez más lenta. “Lo que antes se cancelaba en 15 o 30 días ahora se estira a 45 o 60. No es una situación de crisis abierta, pero sí una práctica que empieza a instalarse”, sostuvo.
En particular, el dirigente señaló que el impacto se siente con más fuerza en estaciones de ruta y en aquellas que trabajan con grandes cuentas corrientes, como empresas de transporte o flotas. “Muchos clientes buscan financiarse a través nuestro porque el costo financiero no resulta tan alto en comparación con otras alternativas. Pero nuestros márgenes son muy bajos y enfrentamos subas mensuales por impuestos, tipo de cambio y ajustes impositivos. No siempre podemos acompañar ese ritmo”, advirtió.
A la extensión de plazos se suma un dato que inquieta: el regreso de los cheques rechazados. “Durante mucho tiempo prácticamente no había rebotes. Ahora volvieron a aparecer, tanto físicos como electrónicos. Y eso genera costos bancarios, gastos administrativos y penalidades, sobre todo si esos valores ya fueron entregados a una petrolera”, explicó Gianello. El problema no es sólo financiero, sino operativo: cada cheque rechazado obliga a rehacer gestiones, renegociar compromisos y absorber costos adicionales.

La relación entre el aumento de la morosidad bancaria y el uso intensivo de cuentas corrientes comerciales es directa. Cuando familias y empresas acumulan deudas en tarjetas o créditos, trasladan la presión financiera a sus proveedores. En el caso de las Estaciones de Servicio, ese proveedor suele ser el surtidor. Así, el financiamiento informal se expande hacia el eslabón más frágil de la cadena, que opera con rentabilidades ajustadas y alta carga impositiva.
Por ahora, el sector no habla de emergencia, pero sí de una tendencia que merece atención. “Si la cadena de pagos se sigue estirando, en algún punto empieza a resentirse la capacidad operativa. Nosotros también tenemos compromisos con petroleras, empleados, bancos y el fisco”, remarcó el referente de Cuyo. Finalmente consideró que en un negocio donde el volumen es alto pero el margen es estrecho, cualquier retraso se amplifica.
DEJANOS TU COMENTARIO!