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Con problemas graves de abastecimiento y precios desfavorables, los estacioneros arrancan el año sin ningún tipo de seguridad que permita planear el futuro. Es irracional tener costos crecientes y precios congelados, manifestó al respecto el vocero de Asociación de Estaciones de Servicio
Para el sector expendedor reina un aire mezcla de inseguridad y desesperación. Nadie sabe qué puede pasar este año en materia energética, aunque todos suponen que por tratarse de un período electoral no se van a emprender grandes cambios.
Las petroleras han mostrado la firme de decisión de reducir los cupos de abastecimiento y realizar las entregas según su propio criterio. Lo que llama la atención no es la forma en que dichas empresas actúan, sino el constante mirar para otro lado de las autoridades nacionales.
Es algo irracional tener costos crecientes y precios congelados, manifestó el vocero de Asociación de Estaciones de Servicio, Luis María Navas. Y agregó que con esta política los expendedores van camino al fracaso.
El directivo señaló que en este contexto no hay forma de aumentar el sueldo. Las paritarias son algo inminente y los expendedores hacen cálculos para ver como enfrentará el reclamo de los trabajadores.
La situación los mantiene preocupados. Navas explicó que la rentabilidad de los estacioneros está dada por el volumen del producto que tienen para vender y el precio al que se ofrezca en el mercado. Con precios congelados y cupos limitados asegura que el sector no tendrá un futuro próspero.
El vocero de AES confía en que la justicia dictamine a favor de una medida cautelar realizada por la petrolera Shell para liberar los precios del mercado de combustibles. SI bien entiende que no es la solución al fondo del problema, cree que puede dar un respiro a un sector golpeado por varios frentes.
Navas confirmó que no hay reuniones previstas con las petroleras para discutir sobre abastecimiento. Como la escasez se tornó una constante, los reclamos van perdiendo legitimidad. De esta manera el único que se perjudica es el expendedor. Es decir, la pata más vulnerable de la actividad petrolera.
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