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Mientras ambas selecciones de fútbol se enfrentarán en una nueva semifinal mundialista, fuera de la cancha ambos países también muestran realidades muy distintas en el negocio de los combustibles. Cantidad de estaciones, precios, tecnología y formas de atención reflejan dos modelos que recorrieron caminos opuestos.
Cada vez que Argentina e Inglaterra se cruzan en un Mundial, el partido trasciende lo deportivo. La historia, la rivalidad y el peso futbolístico convierten al encuentro en un clásico con identidad propia. Pero lejos de los estadios existe otro enfrentamiento, mucho menos conocido, que también permite comparar a ambos países: el de sus redes de Estaciones de Servicio.
Aunque los dos mercados abastecen a millones de automovilistas todos los días, la manera en que evolucionaron durante las últimas décadas es completamente diferente. Mientras Argentina conserva una amplia presencia territorial, mantiene el despacho asistido y continúa apostando al GNC, el Reino Unido avanza hacia un esquema dominado por el autoservicio, la movilidad eléctrica y la diversificación comercial.
La primera diferencia aparece en la cantidad de puntos de venta. Según un relevamiento elaborado con datos de la Secretaría de Energía, Argentina cuenta con 5.349 Estaciones de Servicio. De ese total, 3.236 venden exclusivamente combustibles líquidos, 1.487 ofrecen además GNC y otras 597 están dedicadas únicamente al gas natural comprimido. Buenos Aires concentra la mayor parte de la red, seguida por Córdoba y Santa Fe.

En el Reino Unido operan actualmente 8.329 estaciones. A simple vista parecen muchas más, pero la comparación cambia cuando se considera el tamaño del mercado automotor. Además, la tendencia sigue siendo descendente: cada año desaparecen entre 200 y 300 establecimientos y las aperturas son escasas.
El cierre sostenido de bocas de expendio forma parte de un proceso que comenzó hace más de dos décadas. Desde el año 2000 el país perdió más de un tercio de sus estaciones, impulsado por la concentración empresarial, los cambios en los hábitos de consumo y el avance de nuevas tecnologías de movilidad.
La relación entre la cantidad de vehículos y las estaciones también muestra un escenario muy distinto. En Argentina existe aproximadamente una estación cada 3.000 vehículos, una proporción que permite una cobertura relativamente equilibrada incluso fuera de los grandes centros urbanos.
En territorio británico esa relación es mucho más exigente. Con un parque automotor que supera los 42 millones de unidades y apenas algo más de ocho mil estaciones, cada establecimiento debe atender cerca de 5.000 vehículos. Esa menor disponibilidad vuelve mucho más sensible al sistema frente a cualquier inconveniente logístico o aumento inesperado de la demanda.
El precio del combustible constituye otra diferencia importante. En Argentina, durante julio de 2026, la nafta súper de YPF en la Ciudad de Buenos Aires cuesta 2.047 pesos por litro y el gasoil alcanza los 2.119 pesos. Al tipo de cambio oficial, esos valores representan aproximadamente 1,35 y 1,40 dólares por litro.
En el Reino Unido la situación es diferente. La nafta se comercializa en torno a los 150,5 peniques por litro y el diésel supera los 164 peniques. Convertidos a dólares, equivalen a unos 2,02 y 2,20 dólares respectivamente, entre un 45 y un 55 por ciento más que en Argentina.

Más allá del valor final, el mercado británico viene atravesando una fuerte volatilidad. La crisis geopolítica en el Estrecho de Ormuz impulsó un importante incremento en los precios durante el primer semestre del año, aunque posteriormente comenzaron a retroceder. En paralelo, el impuesto a los combustibles permanece congelado desde 2022.
Sin embargo, la mayor distancia entre ambos modelos aparece cuando se observa cómo funciona una Estación de Servicio.
En Argentina continúa predominando la atención personalizada. El conductor permanece dentro del vehículo mientras un playero realiza la carga y cobra la operación. El autodespacho comenzó a abrirse camino tras la reglamentación nacional, pero todavía su aplicación avanza lentamente porque varias provincias mantienen restricciones regulatorias.
Otro rasgo distintivo es la importancia del GNC. Ningún otro país de la región posee una infraestructura comparable, con cientos de estaciones duales y exclusivas que abastecen a uno de los parques de vehículos a gas más grandes del mundo.
En Inglaterra, en cambio, el autoservicio es la norma desde hace décadas. El conductor carga el combustible sin intervención de empleados y luego realiza el pago. Buena parte del negocio está en manos de cadenas de supermercados, que concentran más del 40 por ciento de las ventas y utilizan el combustible como una herramienta para atraer clientes hacia sus locales.

La playa de carga dejó de ser el centro del negocio. Hoy las estaciones británicas obtienen una parte creciente de sus ingresos mediante tiendas de conveniencia, cafeterías, alimentos frescos, retiro de paquetes y otros servicios complementarios.
A esa transformación se suma otro cambio de gran impacto. Desde comienzos de este año entró en vigencia el Fuel Finder Scheme, un sistema que obliga a todas las estaciones a informar sus precios prácticamente en tiempo real para que aplicaciones y plataformas digitales permitan a los conductores comparar valores antes de elegir dónde cargar.
La electrificación completa el cuadro. El Reino Unido ya cuenta con más de 116.000 cargadores públicos para vehículos eléctricos, casi el doble de los surtidores convencionales disponibles. Esa cifra resume hacia dónde se dirige el mercado británico.
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