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Más que sumar equipamiento, el desafío es diseñar una distribución inteligente. La tendencia del sector apunta a instalar exhibidoras cerca del surtidor para captar consumos inmediatos sin competir con las ventas del shop.
En una Estación de Servicio, el frío no es un equipamiento más: es una herramienta de venta. Pero su efectividad no depende de la cantidad de heladeras, sino de cómo se distribuyen entre los dos espacios donde ocurre el consumo: la playa y la tienda.
“Las heladeras no son todas iguales ni cumplen la misma función. Primero hay que entender el tipo de estación y el flujo de clientes, y a partir de ahí definir el esquema”, explica Martín Molaro, gerente comercial de De Francesco y confirma que cada espacio responde a un momento distinto de compra.

PLAYA: CAPTURAR LA VENTA QUE HOY SE PIERDE
En la isla del surtidor, el cliente está detenido, pero no necesariamente decide comprar. Ese es el principal punto de fuga.
Por eso, incorporar heladeras exhibidoras directamente en playa, con el objetivo de acercar bebidas y snacks al conductor sin que tenga que bajarse del vehículo, está siendo la estrategia de mayor expansión, ya que se apunta a resolver una compra inmediata en el momento en que el cliente está esperando.
Experiencias recientes en redes de estaciones muestran que estos equipos no desplazan ventas de la tienda, sino que genera consumo adicional: compras impulsivas que antes no existían. El concepto es operativo: monetizar el tiempo de carga sin agregar fricción.
TIENDA: ORDENAR LA EXHIBICIÓN PARA SOSTENER EL VOLUMEN
Dentro del minimercado, la lógica cambia. Ya no se trata de capturar impulso inmediato, sino de organizar el volumen de ventas. Ahí es donde entra la planificación del frío según el flujo de clientes.
“En estaciones con flujo moderado, funcionan muy bien las heladeras verticales de una cara, de tres a cinco puertas, porque ordenan la exhibición sin saturar”, recomienda Molaro en diálogo con Surtidores.
En cambio, cuando el volumen es alto, el esquema debe escalar y el especialista afirma que el walk-in cooler es la mejor solución, ya que permite reponer desde atrás, ordenar el stock y asegurar la rotación de productos.

Este tipo de configuración no solo mejora la venta, sino también la operación diaria, evitando quiebres y garantizando frescura.
Tanto en playa como en tienda, un error frecuente es mezclar categorías en el mismo equipo y frente a ello, el referente de De Francesco advierte que cada producto necesita su tipo de exhibición. No es lo mismo bebidas que pastelería o chocolates.
En este sentido sugiere:
De esta manera, los estudios respaldan que cuando esto no se respeta, el problema no es el producto, sino la forma en que se presenta. El punto central es entender que la Estación de Servicio tiene dos escenarios de venta distintos, pero complementarios.
La playa sirve para capturar compras impulsivas en segundos, mientras que en la tienda se pretende desarrollar el volumen y el recorrido del cliente.
“Cuando el producto está en el lugar correcto, se vende. Cuando no, no rota”, concluye Molaro.
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