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Referentes técnicos del sector sostienen que el gas vehicular perdió visibilidad frente a otras alternativas y que, sin una reacción coordinada entre fabricantes, estaciones de carga y organismos regulatorios, la tendencia descendente podría profundizarse.
El mercado del Gas Natural Comprimido atraviesa uno de los momentos más delicados de las últimas décadas. Así lo sostiene Luis Navas, consultor especializado en GNC, quien describe un escenario de caída sostenida y advierte que, sin medidas urgentes, la tendencia podría profundizarse.
“El mercado está mal, tenemos que evitar que esté peor”, resume. Históricamente, en períodos de crisis o pérdida de poder adquisitivo, el GNC crecía como alternativa económica frente a la nafta. Sin embargo, ese comportamiento anticíclico ya no se verifica. “Hace cinco años estaba en una meseta, ahora está en decadencia”, afirma.

Según sus estimaciones, el sistema pierde alrededor de 100 mil vehículos por año. Las conversiones son negativas: salen más autos del sistema -por obsolescencia o por no renovar la oblea- de los que ingresan mediante nuevas instalaciones. “Esto se debe parar”, alerta.
Entre las causas principales, Navas señala que el GNC desapareció de la agenda del consumidor promedio. Un comprador de su primer vehículo cero kilómetro, generalmente entre 25 y 40 años, ya no considera la conversión como opción. “No sabe que existe, nadie se lo ofrece, no registra el ahorro potencial, simplemente no está en su radar”, explica en diálogo con Surtidores.
A esto se suma un cambio en el parque automotor. Los vehículos actuales son de menor cilindrada y menor consumo de nafta, lo que reduce el incentivo económico para convertirlos. Además, el precio del kit de conversión —con su cilindro correspondiente— y la falta de financiación accesible desincentivan la decisión.
Frente a este panorama, el consultor advierte que la caída continuará si no se toman medidas coordinadas. Y plantea que la respuesta debe involucrar a todos los actores del sistema: distribuidoras, estaciones de carga, fabricantes, importadores, productores de equipos completos, talleres de montaje, centros de revisión periódica de cilindros, organismos de certificación, servicios técnicos y representantes técnicos. También menciona al regulador actual, ENARGAS, y al futuro ENRGE, como actores institucionales clave.

Para Navas, la herramienta más potente para revertir la tendencia es una gran campaña de publicidad nacional que reinstale al GNC en la consideración pública. La iniciativa debería ser financiada por todos los sujetos del sistema y contar con respaldo institucional del ENARGAS. “Esa inversión será multiplicadora de futuras ganancias”, sostiene, y propone la creación urgente de un comité sectorial que defina montos y estrategias.
El mensaje, afirma, debe poner en valor las fortalezas históricas del GNC: cuatro décadas de confiabilidad y seguridad, menor costo frente a la nafta, perfil ambiental favorable en grandes ciudades y una extensa infraestructura instalada en 20 provincias. A ello se suma la disponibilidad creciente de gas natural, especialmente a partir del desarrollo de Vaca Muerta.
Consultado sobre la posibilidad de volver a los “años de oro” del GNC, Navas considera que las condiciones objetivas existen. El gas natural está disponible en abundancia y a precios competitivos. El transporte pesado ya comenzó a expandirse en esta dirección. Además, la mayoría del parque automotor liviano -vehículos particulares, taxis, remises y utilitarios- sigue siendo naftero, lo que permite conversiones rápidas. “Solo falta el incentivo”, remarca.

En ese sentido, advierte que no se puede pensar el desarrollo del transporte pesado a gas sin una reactivación paralela de los vehículos livianos. Para el consultor, ambos segmentos deben crecer de manera complementaria.
Finalmente plantea que el cambio más urgente es cultural y actitudinal. “Debemos abandonar la idea de que el GNC fue superado por los autos híbridos y enchufables”, sostiene. Si bien reconoce que los vehículos eléctricos presentan ventajas, también señala limitaciones como la escasez de infraestructura de carga y el mayor costo de la energía fuera del ámbito domiciliario. “Cuarenta años de construcción y desarrollo pueden borrarse en pocos años si no reaccionamos ahora”, advirtió finalmente.
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