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La corrosión de los tanques de acero enterrados puede avanzar sin señales visibles y derivar en filtraciones de combustible, interrupciones operativas y costosas reparaciones. Recomiendan reforzar los controles y actuar antes de que aparezcan las fallas.
La renovación tecnológica avanzó en las Estaciones de Servicio, pero todavía existen bocas de expendio que conservan tanques de acero enterrados. Como no están a la vista, estos equipos necesitan controles específicos para conocer su estado y evitar que la corrosión afecte su estructura.
En diálogo con Surtidores, Juan Francisco Porco, gerente de Operaciones y Desarrollo Comercial de COSEPESA, explicó que la protección catódica continúa siendo una herramienta útil para disminuir el deterioro de determinadas instalaciones metálicas subterráneas.
El especialista aclaró que esta tecnología no busca reemplazar ni competir con los actuales tanques de doble pared. Su función es proteger los activos que todavía se encuentran operativos mientras avanza la modernización de las instalaciones.

Un tanque de acero ubicado bajo tierra está expuesto a procesos corrosivos que no pueden detectarse mediante una revisión visual cotidiana. Por ese motivo, resulta fundamental conocer su antigüedad, sus características constructivas, el sistema de protección instalado y la fecha de los últimos controles.
Cuando las condiciones técnicas lo requieren, la protección catódica permite actuar antes de que el deterioro comprometa el tanque. El objetivo es incorporar su seguimiento dentro del mantenimiento preventivo de la estación, sin esperar a que aparezca una falla para intervenir.
“La lógica debe ser preventiva. La protección y el mantenimiento representan una inversión, pero intervenir un tanque enterrado o afrontar las consecuencias de una eventual pérdida puede implicar costos considerablemente mayores”, afirmó Porco.
El aspecto económico ocupa un lugar importante en esta evaluación. Reemplazar un tanque subterráneo no supone únicamente comprar un equipo nuevo. También puede requerir excavaciones, trabajos especializados, modificaciones en una estación en funcionamiento y la interrupción parcial o total de la actividad.
Una pérdida de combustible, además, puede generar consecuencias ambientales y obligar a realizar tareas de remediación más complejas. Por eso, el análisis debe comparar el costo de preservar el activo con el impacto que podría provocar una reparación de mayor magnitud.
La protección catódica se utiliza desde hace décadas en la industria petrolera y gasífera para conservar estructuras metálicas expuestas a condiciones corrosivas. Esa experiencia todavía puede aprovecharse en el segmento de comercialización, especialmente en las estaciones que mantienen tanques de acero enterrados.
Los sistemas de doble pared modificaron las condiciones de almacenamiento y sumaron barreras frente a posibles pérdidas. Sin embargo, durante la transición tecnológica conviven equipos de distintas generaciones, cada uno con necesidades de control y mantenimiento diferentes.
“Disponer de esa información permite establecer prioridades y tomar decisiones antes de que un eventual deterioro obligue a ejecutar una obra de mayor costo”, señaló el representante de COSEPESA.
Esta misma lógica alcanza a las redes de las compañías petroleras. Aplicar criterios comunes de mantenimiento y seguimiento puede facilitar el control de instalaciones que permanecen fuera de la vista, pero que resultan esenciales para mantener la operación.

La normativa sobre los Sistemas de Almacenaje Subterráneo de Hidrocarburos contempla mecanismos anticorrosivos para determinadas instalaciones existentes de acero. Entre ellos aparecen los ánodos de sacrificio y los sistemas de corriente impresa.
Porco remarcó que la protección catódica no debe aplicarse de manera automática en todos los casos. Cada instalación necesita una evaluación técnica que considere el tipo de tanque, su antigüedad, su estado y las condiciones en las que funciona.
Para los operadores, el primer paso consiste en conocer con precisión qué tienen debajo de la playa. Contar con esa información permite organizar controles, anticipar inversiones y reducir la posibilidad de enfrentar una reparación imprevista, costosa y capaz de afectar la continuidad del negocio
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