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Una parte significativa del precio abonado en el surtidor corresponde a tributos nacionales, provinciales y municipales. Un especialista en Derecho Tributario aclaró qué responsabilidades tiene el expendedor frente al fisco.
La discusión sobre el Impuesto a los Combustibles Líquidos y al Dióxido de Carbono volvió a instalarse a partir del crecimiento de su recaudación y de los cuestionamientos políticos sobre el destino de esos recursos, especialmente en relación con la ejecución de obras viales. En los primeros cinco meses de 2026, la recaudación de estos gravámenes aumentó 17,8 por ciento en términos reales, de acuerdo a datos citados por medios nacionales.
Según cálculos de la consultora Cristian Bergmann y Asociados, tanto la nafta como el gasoil están alcanzados por ambos impuestos específicos, aunque con montos diferentes. En agosto de 2026, la carga tributaria alcanza en la nafta los $387,703 por litro en concepto de ICL, a los que se suman $23,749 correspondientes al IDC. Para el gasoil, el ICL representa $294,134 por litro y el componente correspondiente al dióxido de carbono asciende a $33,524.

Además, la lista incluye distintos componentes tributarios, como el IVA, cargas provinciales y las denominadas tasas viales, que son cuestionadas por distintos actores de la actividad. Al respecto, el especialista en Derecho Tributario, Marcelo Saleme Murad, consideró que algunas resultan ilegítimas porque, a su entender, contradicen principios del sistema constitucional y las disposiciones de la Ley de Coparticipación.
“Se ha hecho sobre el combustible una fabulosa caja de recaudación que pagamos todos al cargar”, sostuvo en diálogo con Surtidores.
Explicó que, en lo referido al ICL y el IDC, estos presentan similitudes en cuanto a su cálculo, percepción y liquidación. Para los expendedores, una de las principales cuestiones es determinar quién debe ingresarlos al fisco. La Estación de Servicio no actúa como agente de retención ni de percepción de estos impuestos.
“Es la empresa petrolera la que, al venderlo a la Estación de Servicio, debe sumarlos al precio y luego declararlos e ingresarlos al fisco periódicamente”, explicó Saleme Murad.
Por lo tanto, la compañía es el sujeto pasivo y responsable directo de su ingreso. Para el expendedor, el importe forma parte del costo de adquisición y no genera una nueva obligación de pago al momento de la venta.
Que puedan aparecer discriminados en la documentación de la operación tampoco implica un nuevo hecho imponible ni transforma al estacionero en responsable de retenerlos. Por esa razón, la estación no puede descontar el ICL ni el IDC del importe que debe pagarle a la petrolera.
El escenario es diferente frente a otros gravámenes. En el caso del IVA, por ejemplo, debe analizarse si se trata de combustible consignado o de una venta tradicional, ya que el tratamiento tributario puede variar. También existen particularidades en Ingresos Brutos, tasas municipales y otras cargas que pueden alcanzar a la actividad.
Saleme Murad diferenció además entre impuestos directos e indirectos y su impacto sobre la economía del establecimiento. “Los primeros son un costo, y los segundos teóricamente no lo son porque se trasladan”, indicó.
Sin embargo, esa distinción no significa que todos los tributos indirectos puedan trasladarse automáticamente al precio. La posibilidad depende de cada gravamen, de la operación y de las condiciones comerciales. Incluso algunas cargas provinciales o municipales pueden terminar representando un costo cuando no resulta posible trasladarlas por completo.
La determinación de ciertos impuestos también está vinculada con los volúmenes comercializados. Una diferencia entre los litros vendidos y los informados puede generar consecuencias fiscales. El desvío puede surgir por un error administrativo, aunque una conducta deliberada para ocultar operaciones podría derivar en una eventual evasión.

“Las estaciones hoy en general tienen muy afinados sus softwares, y más aún si están en línea con las petroleras con combustibles consignados”, señaló el especialista. “El surtidor es hoy una caja registradora con un software sofisticado y en línea”, agregó.
Para evitar errores, Saleme Murad recomendó mantener los sistemas informáticos en condiciones, registrar correctamente cada operación y controlar de manera permanente los movimientos del establecimiento. “La Estación de Servicio requiere una atención muy personalizada y detallada, es un día a día, minuto a minuto”, subrayó.
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