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El consultor energético Luis Navas afirmó que las restricciones registradas durante las olas de frío no reflejaron una falta de gas, sino las diferencias entre los contratos de transporte elegidos por cada operador.
Las intensas olas de frío que sucedieron en Argentina durante este invierno de 2026 pusieron al sistema de transporte de gas en su punto de máxima exigencia. Con la demanda residencial alcanzando niveles récord, las distribuidoras debieron aplicar las prioridades de abastecimiento previstas por la normativa para garantizar el suministro a los hogares. Sin embargo, lejos de provocar un colapso generalizado, el escenario dejó una conclusión diferente: la inmensa mayoría de las Estaciones de Servicio continuó operando sin inconvenientes.
Para el consultor energético especializado en GNC, Luis Navas, la experiencia de este invierno demuestra que el sistema respondió de acuerdo con lo previsto allí donde existían contratos de Transporte Firme. Según explicó, cerca de las 2.100 estaciones de carga distribuidas en todo el país mantuvieron la continuidad del servicio incluso durante los días de mayor consumo, gracias a que habían contratado y abonado mensualmente la reserva de capacidad de transporte.
Esa modalidad garantiza prioridad dentro de la red cuando la demanda alcanza niveles críticos. En consecuencia, automovilistas, taxistas, remiseros, transportistas, colectivos y camiones pudieron seguir cargando GNC sin alteraciones, aun cuando el consumo residencial absorbía gran parte de la capacidad disponible.

“El sistema cumplió exactamente con lo que estaba diseñado para hacer“, sostiene Navas en diálogo con Surtidores. A su entender, el invierno dejó en evidencia que la infraestructura respondió adecuadamente para quienes habían asegurado capacidad firme.
La situación fue muy distinta para las pocas Estaciones de Servicio que optaron por contratar Transporte Interrumpible. Ese esquema permite reducir costos al evitar el pago por la reserva de capacidad, pero implica aceptar que el suministro pueda suspenderse cuando la red necesita priorizar a los usuarios residenciales.
Al producirse las temperaturas más extremas, las distribuidoras aplicaron las condiciones previstas en esos contratos y las estaciones quedaron automáticamente sin posibilidad de recibir gas. En algunos casos permanecieron cerradas durante varios días consecutivos y, cuando las condiciones climáticas mejoraron, pudieron reanudar la actividad de manera temporal antes de enfrentar nuevas interrupciones.
Para el especialista, esa diferencia contractual resulta determinante para comprender lo ocurrido durante el invierno. “No hubo un problema generalizado de abastecimiento de GNC, sino restricciones sobre establecimientos que habían aceptado expresamente esa condición al contratar transporte interrumpible“, explicó.

Sin embargo, considera que la comunicación pública de esos episodios terminó generando una percepción equivocada. Cada vez que una estación suspendió las ventas, numerosos informes periodísticos hablaron de “cortes de GNC” en ciudades completas, cuando en realidad la mayoría de los establecimientos de esas mismas localidades continuaba despachando combustible con absoluta normalidad.
A juicio de Navas, esa interpretación alimentó incertidumbre entre los conductores, provocó desplazamientos masivos hacia otras bocas de expendio y terminó afectando la imagen del GNC como combustible confiable, pese a que la red respondió correctamente en casi todo el territorio nacional.
El consultor entiende que la experiencia debería abrir una discusión dentro del nuevo Ente Nacional Regulador de Gas y Electricidad (ENReGE). En su opinión, mantener el Transporte Interrumpible para un número reducido de estaciones termina perjudicando a todo el sector cuando llegan los períodos de mayor demanda.
Desde su perspectiva, el GNC cumple un papel estratégico para miles de usuarios que dependen diariamente de este combustible y no debería recibir el mismo tratamiento que un gran consumidor industrial con capacidad para sustituir el gas por otras fuentes energéticas.

Por ello, propone avanzar hacia un esquema donde todas las Estaciones de Servicio operen bajo Transporte Firme. Sostiene que esa medida eliminaría las diferencias de disponibilidad entre operadores, fortalecería el financiamiento del sistema de transporte mediante el pago permanente de reservas de capacidad y evitaría que episodios aislados sean interpretados como una crisis de abastecimiento.
Por qué el ENReGE debe tomar esta medida:
“El invierno de 2026 demostró que el sistema de transporte argentino responde cuando se respeta la planificación firme. Permitir que la especulación tarifaria de una minoría ponga en jaque la credibilidad de todo el sector es un lujo normativo que el ENReGE ya no se puede permitir”, concluyó Navas.
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